La investidura fallida del jueves, más allá de poner en marcha la cuenta atrás hacia nuevas elecciones –hay margen hasta el 22 de mayo para investir a un president–, escenificó diáfanamente la división que envuelve al separatismo entre irreductibles (la CUP y el núcleo duro de Puigdemont) y pragmáticos (ERC y PDeCat), y se convirtió en un punto de inflexión para el porvenir de la política catalana. El categórico portazo de la CUP a los planes de JxCat y ERC de inve stir de forma «exprés» a Jordi Turull y sus elevadas exigencias abrieron, por primera vez desde el inicio del «procés», la puerta a la ruptura de la dinámica de bloques y a la exploración de nuevas alianzas y de mayorías alternativas.

Un escenario que no pasó inadvertido para nadie, como se ha podido comprobar: Esquerra trata de cortejar cada día con más énfasis a los «comunes», mientras los «comunes» ya reclamaron ayer que el independentismo traslade su incapacidad para formar Govern para empezar a tantear nuevas alternativas. El PSC, por su parte, poco a poco va dando mayores muestras de aperturismo y de voluntad por superar la espiral de hostilidades actual, aunque con pocas concreciones sobre su rumbo.

JxCat, ERC y la CUP

El 21-D arrojó de nuevo una mayoría independentista en el Parlament, pero las fuerzas separatistas están cada vez más alejadas entre sí. Las inalcanzables condiciones que impone la CUP para prestar sus votos a ERC y JxCat hacen cada día más inviable un acuerdo entre los tres partidos. Los anticapitalistas exigen medidas nítidamente rupturistas para construir la República y hacer efectivo el referéndum ilegal del 1 de octubre, mientras ERC y JxCat, atemorizados por las causas judiciales que pesan sobre sus dirigentes por el «procés», no están dispuestos a dar ninguna señal de desafío a la Ley. El principal ejemplo es el proceso constituyente, donde la CUP quiere que se desarrolle paralelamente en el Parlament y entre la ciudadanía, mientras las otras dos formaciones solo pretenden limitarlo a la ciudadanía para no correr ningún riesgo.

Ahora bien, más allá del programa, que es donde, ciertamente, la CUP ha puesto mayor acento, el nombre del candidato podría hacerle replantear sus posicionamientos. En este sentido, los anticapitalistas insisten en que si se postulara Carles Puigdemont darían luz verde ya que entienden que representaría verdaderamente un envite al Estado, y además, fue el vencedor del 21-D. La opción Puigdemont podría regresar al tablero en los próximos días, ya que JxCat está apremiando para reformar la Ley de presidencia y poder investirle a distancia, un planteamiento que genera rechazo en ERC. En estos momentos, tras el ingreso en prisión de Turull, el plan D probablemente recaiga en Elsa Artadi, una figura muy vinculada a la Convergència de los recortes –empezó en la Conselleria de Economia del primer gobierno de Artur Mas–.

Los «comunes» al auxilio

Ante el fracaso de la alianza independentista, hipótesis cada día más evidente, ERC lleva ya semanas dirigiéndose de forma implícita y explícita a los «comunes» como tabla de salvación. El partido que lidera Xavier Domènech tiene ocho diputados (cuatro más que la CUP), pero solo se implicaría si hubiera una propuesta de gobierno progresista que rompiera la dinámica de bloques y en ningún caso se prestaría a facilitar la investidura de un candidato de JxCat.

Es una línea roja que los «comunes» no están dispuestos a rebasar, aunque durante los próximos días volverán a dejarse fotografiar con el frente independentista como protesta ante los últimos encarcelamientos. La formación de Domènech, que está poniendo grandes esfuerzos para que el debate social gane terreno al «procés» en Cataluña, siempre ha asegurado que no apoyaría a JxCat porque representan políticas antitéticas a las suyas, y además sigue en la retina la sentencia del «caso Palau», que condenó a Convergència, partido que, junto al PDeCat, forma JxCat. Los «comunes», en cambio, si estarían dispuestos a apoyar a un candidato de ERC, algo que no va a permitir JxCat.

La vía Iceta

En todo caso, el gobierno progresista que reclama Domènech pasaría por el primer secretario del PSC, Miquel Iceta. Iceta escenificó ayer un cambio de tono evidente en su discurso y se refirió a una «operación política» en la que hacía referencia a la formación de un gobierno transversal para el «postprocés». «¿Un gobierno de una parte sería capaz de afrontar con éxito el problema más importante desde el año 81? Lo dudo», aseguró, dejando entrever así su predisposición a aproximar posiciones con partidos independentistas. «El PSC está dispuesto a abandonar el refugio de los bloques para avanzar en el campo abierto del diálogo», añadió, alimentando así las sospechas sobre la formación de un tripartito, que integre a ERC y «comunes».

Con este giro, Iceta parece no cerrarse ya a nada. Si hasta hace poco rechazaba cualquier pacto con ERC porque se mantenía en la ilegalidad y era cómplice de las excentricidades de Puigdemont en Bruselas, con la intervención de ayer, el líder de los socialistas catalanes abría un resquicio para el acuerdo aunque ponía como límite cualquier pacto el respeto a la Ley. Si bien es cierto que los últimos encarcelamientos y la complicidad de Iceta con la aplicación del 155 alejan también cualquier pacto a iniciativa de ERC, no es menos cierto que ha sido Esquerra quien ha liderado el acercamiento al PSC a través de su respetado portavoz en el Congreso, Joan Tardà.

Con el escenario actual, una candidatura de Iceta podría concitar también apoyos suficientes. Por un lado, ahora mismo, ERC se encuentra descabezada tras el encarcelamiento de Oriol Junqueras y varios de sus hombres fuertes (Romeva también ha sonado como candidato), y la fuga de Marta Rovira, con lo que evitaría proponer a algún candidato. Por otro, podría arrancar los votos de los «comunes» y una abstención de Ciudadanos.

A Cs no le salen los números

A pesar de haber ganado las elecciones, a la líder de C’s, Inés Arrimadas, no le salen los números por ningún lado. Tampoco ha hecho ningún movimiento por intentarlo. Ahora mismo solo concitaría los votos de PP (4) y PSC (17), lo que arrojaría 57 apoyos, insuficientes para alcanzar la mayoría, situada en 68 diputados.

Aún así, ayer, Arrimadas también realizó un giro en su discurso y se mostró más conciliadora, al igual que Iceta. En su intervención pidió poner fin al «procés» y volver a la normalidad, para recuperar la convivencia y el sosiego en la sociedad y en el propio Parlament, donde llegó a denunciar que hay diputados de formaciones rivales que niegan el saludo.

 

 

 

 

FUENTE: LARAZON