La mayor tradición que existe en Mazarrón es ‘la de los años perdidos’, después de entender que el municipio se halla inmerso en una dinámica imposible donde adocenamiento se combina en el tiempo con impotencia. Términos ambos que constituyen las dos caras de una misma moneda y que nos devuelven la realidad que tenemos. Frente a esto, nadie se interesa en romper esa dinámica y así, como si de un ‘perpetuum mobile’ se tratara, arrastramos de por vida la escenificación del fracaso.

Todo se reduce al oportunista pillaje del ‘carpe diem’ y, fuera de ahí, todo da igual. Es lamentable que, en el fondo de todo solo se vea la prosperidad personal, la ambición individual y poco o nada recuerde ese interés general que se proclama a los cuatro vientos para recoger el voto del incauto o de quien, sencillamente, se deje embaucar por los cantos de sirena poco conocedor ‘de la pana’.

 

¿El resultado? Ahí lo tienen. Y vayan a darse una vuelta por los servicios al ciudadano. Vivimos en un municipio donde nos vamos acercando a la dimensión más aguda de la expresión ‘capitalismo salvaje’. Quisiera entenderlo así porque, si fuera de otra manera, me dolería bastante tener que reconocer en mi propio municipio prácticas más próximas al pillaje que citaba antes que al servicio al ciudadano.

 

Estos días hemos visto cómo los padres del colegio Manuela Romero salían a la calle a protestar por irregularidades en el suministro eléctrico del centro. Me resulta chocante que hace cuatro días recibiéramos la nota de prensa preceptiva sobre el mantenimiento que el Ayuntamiento viene haciendo de las instalaciones y la puesta a punto que todos los años se realiza en los centros educativos de Mazarrón, antes del comienzo del curso escolar. Y ahí quería yo llegar, porque se entiende que una puesta a punto de las instalaciones va más allá de plantar cuatro macetas nuevas en la puerta o pintar de blanco el trozo por donde van a pasar los padres cuando comience el colegio. Digo yo que también se revisan otros aspectos como electricidad, fontanería, cubiertas, etc. Y si esto se hace así… una de dos, o el problema del Manuela Romero no fue detectado o, si se sabía, ¿cómo es que se deja así?.

 

Y esto entronca directamente con lo que decíamos al principio. La atención al ciudadano que es lo que en el fondo de todo debe primar a la hora de pensar en las funciones de un cargo público aquí se dejan en segundo plano y la dejadez y la desidia es tan notoria que hasta se respira en el ambiente. Vamos a dejar de lado la cuestión de la apertura de los edificios municipales que, por lo visto, no hay en todo el Ayuntamiento de Mazarrón un conserje para abrir ni una sola puerta. Pero hombre, dejar parte de un colegio sin luz eso ya es harina de otro costal.

 

Cómo será la cosa que los padres no han cejado en su empeño hasta que el Ayuntamiento no ha dado una respuesta, con el fin de asegurar de algún modo la solución al problema y tener el compromiso cierto de que el tema se arreglará. Sin embargo, a mí lo que me llama la atención es la livianidad con la que se aborda la cuestión porque, de entrada, seguimos probando al estilo Rajoy: “ya se arreglará”. Y si el problema persiste o la bola sigue rodando y se hace más grande, entonces lo priorizamos y le damos una solución firmada pero de esas ‘firmadas en el agua’. Es decir, con un plazo de dos meses y medio para resolver el asunto lo que nos lleva a primeros del año que viene y medio curso escolar cumplido.

 

Con esta agilidad para lo más prioritario ya me dirán ustedes la capacidad de respuesta que tienen los mazarroneros cuando plantean cualquier tipo de necesidad, por muy imperiosa que esta sea. Y lo más triste de todo no es que los problemas se alargan en el tiempo, lo peor de todo es que la dinámica que provoca esto es lo que se eterniza. Y nadie la rompe.

 

Algo que ya hemos puesto de manifiesto en más de una ocasión desde esta columna de opinión y es que la realidad no cambia, por mucho que pasen los años. Cuando el famoso ‘Cuatripartito’ llegó al Ayuntamiento se jactaba de que el cuerpo de jardinería se componía de un solo jardinero y… ¿saben ustedes cuantos jardineros había después de cuatro años de estar ellos gobernando? Pues los mismos, por no decir ninguno.

 

Ahora vayan y pregunten a ver cuánta gente hay en los servicios municipales, que son precisamente los que sustentan la actividad básica del Ayuntamiento y el servicio esencial que presta la administración a los vecinos del municipio. En vez de cuidar esta parte fundamental de la atención a la ciudadanía, se ha dejado perder un servicio que actualmente se encuentra bajo mínimos. Y la solución pasa por la externalización de la necesidad. Menudo servicio vamos a dar a los vecinos de este municipio que, religiosamente, pagan sus impuestos para no recibir nada a cambio.

 

Menos mal que las fórmulas progresistas de gobierno son las que van a terminar de una vez por todas con este tipo de situaciones, a dejar de meternos la mano en el bolsillo para sacarnos el dinero y darnos un servicio a los vecinos como dios manda. Apañaos vamos.

 
 

EDITORIAL «LA VOZ DE MAZARRÓN»