Han dicho que el español es un pueblo obsesionado por sí mismo. Escribe Cioran: “España trastornó el mundo y se dejó caer”. “La decadencia en España es un concepto corriente, un cliché, una pelea entre clericoidales o anarquistas”. La patria, que para las grandes democracias del mundo es la última deidad, el sueño colectivo al unísono, la reunión de muchas familias en una tierra y una constitución, la alegoría que les pone el puño en el corazón…. todo eso para España, tan obsesionada por su propia esencia, está casi prohibido. Dicen que por sus connotaciones franquistas, a las que hay que añadir la propaganda adversa de los que sacan de las arcas las apoteosis de los años 30. Sólo en el fútbol se puede expresar el patriotismo, pero gritan más los que escarnecen y se burlan de los símbolos, ya no digo sentimentales, sino legales.

Ahora, hemos pasado del himno con la letra de Pemán a la versión de Marta Sánchez. Albert Rivera, en su presentación de la España ciudadana a la sombra irisada de gran bandera de España, llamó a recuperar la autoestima como país. Ahora le acusan de ser ultraderechista los que fueron incapaces de incorporar el patriotismo de la Segunda República, incluido el de los comunistas, a las luchas actuales. Los del PP están acochinados porque Albert Rivera les está arrebatando las banderas, no de la bobanilla, sino del “argumentario”. Los nacionalistas les llaman “jóvenes bárbaros” como denominaban a las juventudes extremistas de Lerroux, al que aquel canalla les invitaba a destruir templos y a alzar el celo de las monjas y elevarlas a la categoría de madres.

Conozco a Albert Rivera desde que venía a Madrid como el que va a tierra de misiones a buscar contactos para emprender su gran aventura más allá del supremacismo. He compartido con él reuniones en el hotel Wellington, en casa de Tamames o con Bono; creo que hay un gran día que le espera en la Historia. Siempre ha sido conmigo y con nuestro periódico generoso y atento. Hace unas horas le llamé para que me hablara de su domingo en el que como Miguel Hernández pudo decir, madre España “abrazo a tu cuerpo como el tronco a su tierra”. Me ha contestado: “El domingo pusimos en marcha un proyecto civil que volverá a unir a los españoles en torno a nuestros valores constitucionales por encima de siglas, bandos o territorios. En la España que viene debemos superar los complejos y fantasmas del pasado para sentirnos orgullosos de nuestra diversidad y de todo lo que nos une. Solo así podremos estar a la altura de las mejores naciones del mundo”.

 

 

FUENTE: ELMUNDO