Hay gente que puede interpretar como un regalo el que concejales y acólitos reclutados por el que fuera alcalde de Murcia durante veinte años, Miguel Ángel Cámara, hayan sido designados directores generales por el presidente la CARM, Fernando López Miras. Y más teniendo en cuenta que el actual mandatario municipal, José Ballesta, se los quitó de la lista electoral a las primeras de cambio y el respetable los considera ya amortizados.

Sin embargo, han vuelto a la política de la mano del líder regional de los populares, que procura de esta manera guardarse las espaldas frente a los históricos del partido por si se les ocurriera poner en duda que el que manda es él. También de cara a posibles movimientos en su partido que ven en Ballesta un líder emergente de recorrido futuro y más asentado que el joven presidente, que recibió en la capital de la Región siete mil votos menos (se dice pronto esa cantidad, que equivale a obtener un concejal y medio) que el alcalde de Murcia.

La fidelidad y la lealtad son valores en alza en los partidos políticos mucho más que el talento, la meritocracia o el currículo laboral de los aspirantes a obtener plaza en los segundos escalones de un gobierno, en este caso el de la Región de Murcia, que no lo tiene nada fácil por los pactos poselectorales, los compañeros de viaje que lleva (Vox puede poner muchas piedras en el camino) y la asfixia económica de unas arcas públicas tocadas por el déficit desde hace ya demasiado tiempo.

Algunos han podido ver en este ‘regalo’ de López Miras a los camaristas un guiño a Ballesta teniendo en cuenta que alguna de las direcciones generales que ostentan ‘los ex’ deberá trabajar codo con codo con el municipio para sacar adelante importantes proyectos locales como el yacimiento de San Esteban o el macroplan de Monteagudo.

No será el caso, ya que es sabido que el ya director general de Bienes Culturales, piedra angular para esas iniciativas, Rafael Gómez, no se lleva con el alcalde de Murcia, que no contó con él en su lista electoral. Gómez se lo puede poner difícil al munícipe si se empeña, aunque no estará para perder mucho el tiempo en esas historias cainitas habida cuenta de lo que tiene encima de la mesa.

Por hacer un repaso rápido, al excamarista le espera el desarrollo del reglamento que debe subsanar vacíos y vicios de la Ley de Patrimonio Cultural de la Región; poner en órbita el desactivado Consejo Asesor de Patrimonio Cultural; desatascar los expedientes acumulados y uno de los temas más peliagudos que hay en esta comunidad. Y que lleva coleando varios años.

No es otro que las edificaciones sin licencia de la UCAM, que se encuentran en el entorno del monasterio de los Jerónimos, catalogado como BIC y al que, según un demoledor informe de la dirección general de Bienes Culturales (de la que se ha hecho cargo Rafa Gómez), no le ha sentado nada bien esas construcciones. Tampoco será ‘moco de pavo’ para el nuevo director general lidiar con organizaciones proteccionistas como Huermur, una asociación que conoce de sobra a Rafael Gómez porque distintos cargos de esta entidad han trabajado en el Ayuntamiento mientras el exedil ostentó responsabilidades en el Gobierno local.

Tampoco se escapará a la ‘vigilancia’ de los defensores de la huerta las decisiones que tome el pedáneo de Torreagüera y también camarista, Fulgencio Perona, que ha sido nombrado director general del Medio Natural, un departamento polémico donde los haya y que tendrá que trabajar al alimón con otras direcciones generales como la de Medio Ambiente, Medio Marino y Mar Menor. Menudo lío para aclararse con competencias y funcionarios. Además, Perona deberá andarse con pies de plomo, ya que responsables de antaño de la cosa del medio ambiente han acabado imputados en casos de corrupción. Las direcciones generales pueden, por tanto parecer un regalo, pero sí, en algunos casos, envenenado. Por nadie pase.