El pacto con EH Bildu para asegurar cinco abstenciones en la votación de la quinta prórroga del estado de alarma, a cambio del compromiso escrito de acelerar la derogación de la reforma laboral del Gobierno Rajoy, seguramente sea el principal error cometido por la coalición PSOE-Unidas Podemos. El fallo de cálculo más clamoroso desde que Pedro Sánchez fue investido presidente del Gobierno el 7 de enero del 2020, día en el que las autoridades chinas reportaron oficialmente la detección de un nuevo coronavirus en la ciudad de Wuhan.

El pacto con Bildu fue corregido por el propio PSOE el pasado miércoles, apenas una hora después de haberse hecho público, cuando la vicepresidenta tercera Nadia Calviño, titular de la cartera de Economía, se cuadró ante Sánchez exigiendo una rectificación. A esa protesta se sumó la ministra de Hacienda y portavoz del Ejecutivo, María Jesús Montero. Horas después, el vicepresidente segundo, Pablo Iglesias, seguía defendiendo el documento pactado.

¿Qué paisaje queda después del error? Queda un área gubernamental más debilitada (Gobierno más socios parlamentarios), de cuyo interior sale reforzado el componente más liberal, centrista o moderado. Se quería compensar el apoyo parlamentario de Ciudadanos con una acentuación izquierdista (derogación exprés de la reforma laboral) y gana la ortodoxia bruselense. Sale especialmente reforzada la vicepresidenta Calviño, que ha demostrado autoridad y reflejos, expresándose con contundencia. Frenó el acuerdo y la desautorizó unas horas después. Calviño ha parado los pies a Iglesias y ha enviado un recado a Sánchez. La vicepresidenta económica gana autoridad en un momento crucial para la relación de España con las estructuras europeas. Ella pilotará el próximo presupuesto, si no le afectan los cambios que probablemente introducirá Sánchez en el gabinete en los próximos meses, cuando la epidemia esté más controlada. Gana Calviño y gana la apuesta pactista de Inés Arrimadas, nueva líder del partido naranja, tras la retirada de Albert Rivera. La popularidad de Arrimadas está subiendo en los sondeos. En estos momentos es uno de los personajes políticos mejor valorados..

El Partido Nacionalista Vasco ha levantado la voz. Está enfadado y no le falta razón. El País Vasco está en campaña electoral (hace dos semanas, el PNV presionó a Sánchez para obtener vía libre para el adelanto electoral en julio) y ha visto como los dos partidos del gobierno favorecían a su más destacado competidor electoral, Bildu. La secuencia es la siguiente: El PNV quería elecciones en Euskadi antes de otoño. El Gobierno no las quería. El PNV apretó.

El Gobierno acabó aceptando y unos días después de la convocatoria oficial de esas elecciones para el día 12 de julio (también se votara en Galicia), los partidos coaligados en el Ejecutivo central intentan favorecer al principal competidor del viejo partido nacionalista. No parece una estrategia muy inteligente. El PNV advirtió ayer que su paciencia se está agotando. Hay que leer esas declaraciones en el contexto de la campaña electoral vasca.

Más fuerza para Calviño, más capacidad de presión para el PNV y también para Esquerra Republicana, en el supuesto que la sepa aprovechar. Un camino más angosto para la aprobación de los presupuestos generales del Estado el próximo otoño. Un camino más angosto, este es el paisaje después del error.

ENRIC JULIANA