Toda la responsabilidad de impedir otras elecciones, o que el Gobierno dependa de comunistas y separatistas, recae en el PP

 

Después del 10-N, el panorama político es parecido, pero no idéntico, al anterior. Continúan las dificultades para formar Gobierno. Pero algunas cosas han cambiado. Y, en mi opinión, la sabiduría política se tendrá que demostrar en acertar a discernir lo que sigue igual y lo que ha cambiado:

1. El pacto con Podemos. Era un error antes del 10-N, y sigue siéndolo después. No se ha producido el efecto taumatúrgico de convertir en acierto lo que antes era un error. Y sigue siendo un error por las mismas razones que el propio Pedro Sánchez exponía antes: no hay suficiente afinidad ideológica entre el PSOE y Podemos. Tampoco hay afinidad estratégica: el PSOE contribuyó de modo determinante a que los españoles alcanzásemos un pacto constitucional en 1978. El PSOE defiende la Constitución y no acepta planteamientos inconstitucionales, como reconocer el derecho de autodeterminación de las regiones. Podemos está en las antípodas: cuestiona el régimen de 1978, y reconoce el derecho de autodeterminación de Cataluña. Esta falta de afinidad ideológica y estratégica entre el PSOE y Podemos existía ya antes del 10-N, sigue existiendo después, y continúa alimentando el temor de que ese Gobierno de coalición ni sea coherente, ni sólido, ni estable. Y que, como decía Sánchez, más que un Gobierno de coalición, sea una coalición de gobiernos, un gobierno dentro de otro gobierno, con un Pablo Iglesias a lo suyo.

 
No obstante, tras el 10-N, algo sí que ha cambiado, pero a peor: antes PSOE y Podemos sumaban 165 escaños, a 11 de la mayoría absoluta, ahora solo suman 155, a 21 de la mayoría absoluta. Es mucho más difícil la negociación para la investidura y para la legislatura. Tendrán que sumar hasta siete ‘agendas’, es decir, siete peticiones de financiación: la agenda gallega, la cántabra, la vasca, la catalana, la valenciana, la canaria y la de Teruel existe. Un puzle difícil para configurar un proyecto de Presupuestos Generales del Estado.

Lo que no ha cambiado son los recelos de los empresarios e inversores en relación a los comunistas de Podemos. Ni siquiera con la garantía que supone Nadia Calviño.

2. El pacto con ERC. Se necesitaría, al menos, su abstención. Pero para el PSOE este pacto era ya imposible antes del 10-N, y lo sigue siendo después. El PSOE no puede ceder ante sus pretensiones: ni mesa de negociación de igual a igual, ni relator extranjero, ni derecho de autodeterminación, ni referéndum, ni amnistía. No se trata de líneas rojas, sino de perfiles esenciales de su propia identidad que el PSOE no puede traicionar, sin abocarse al suicidio político. Recuérdese que, hace poco, aquella frivolidad del relator le costó al PSOE la pérdida del Gobierno de Andalucía. El PSOE puede ‘dialogar’, pero no aceptar la imposición de monólogos.

Pero, con respecto a ERC, no todo sigue igual. Antes del 10-N, podía, con su abstención gratuita, facilitar la formación del Gobierno. No pedían nada a cambio. Ahora, esto no le va a resultar posible. Los otros independentistas, la CUP y los de Jordi Pujol, son más radicales; siguen anclados en el unilateralismo y en el ‘cuanto peor, mejor’ y, además, con estas actitudes extremistas, le están quitando votos a ERC, que ha perdido dos escaños el 10-N. ERC no va a mostrarse ni moderado ni generoso con el PSOE. No se puede olvidar que las elecciones autonómicas catalanas están próximas, y más si una sentencia judicial inhabilita al entusiasta Quim Torra.

Así, con relación a Ezquerra, las cosas han cambiado: lo más probable es que ahora decidan votar que no a la investidura, lo que haría que esta fracasase; a no ser que Ciudadanos, con sus escuálidos diez escaños, acudiera a salvarla. Pero a Ciudadanos no se le espera. Tardará meses en digerir su fracaso.

3. El obstruccionismo del PP. Su actitud de no facilitar, ni siquiera con la abstención, la investidura de Pedro Sánchez sigue siendo la misma que antes del 10-N. Pero de lo que no parece darse cuenta Pablo Casado es que ahora, tras el 10-N, ha cambiado, y mucho, la responsabilidad del PP. Después del 28-A, el partido que tenía toda la responsabilidad de facilitar la formación de Gobierno y evitar la repetición de elecciones, era Ciudadanos. Con sus 57 escaños se podía haber formado un Gobierno muy estable. Esto era lo que todos esperábamos de un partido de centro, y lo que le exigían desde el mundo empresarial. La ineptitud y la obcecación de Albert Rivera sostuvieron durante meses el no rotundo a Pedro Sánchez y a lo que él llamaba ‘su banda’. Cuando se dio cuenta de su error, y quiso rectificar, ya era tarde para impedir la repetición de elecciones. Y el electorado castigó duramente a Ciudadanos por su irresponsabilidad.

Pues bien, ahora las cosas han cambiado: Ciudadanos ya no cuenta. Y en estos momentos toda la responsabilidad de impedir unas terceras elecciones, o que el Gobierno de España dependa de comunistas y separatistas, recae, única y exclusivamente, en el PP. Ya no tienen el parapeto de Ciudadanos. Y si no asume esta responsabilidad, es muy posible que en el futuro el electorado le castigue, como ha castigado a Ciudadanos. No vale la excusa de que no conviene la gran coalición, porque bastaría con un pacto de legislatura. Esperemos que el señor Casado reflexione, y nos evite a todos males mayores.
 
 

FUENTE: LAVERDAD