“ES EL MOMENTO PARA REPLANTEARSE EL DESARROLLO TURÍSTICO Y NO CAER DE NUEVO EN LOS ERRORES DEL PASADO. EL SECTOR DEL TURISMO PRECISA DE UNA GESTIÓN DE FUTURO, RESPONSABLE Y SOSTENIBLE PARA LA LOCALIDAD”.

Menuda bofetada de realidad la que pudimos ver en la pasada edición de boca de los propios hosteleros de nuestro municipio. Con toda la dureza y sin estadísticas amañadas ni paños calientes de pronto nos encontramos de cara con la verdad de un sector que además es clave para la economía local. Hay muchas familias que viven directamente de estos negocios, pequeñas empresas que al mismo tiempo dan trabajo y permiten el sustento de otras tantas familias. Y así podemos rastrear el impacto de una actividad que durante muchos años fue considerada como algo complementario a la agricultura y que ahora se ha convertido en un pilar fundamental de nuestra economía.

Después de aquella crisis de 2008, con el gobierno de Zapatero, ¿se acuerdan?. Sí, aquel presidente incapaz de notar siquiera la humedad cuando el agua ya nos llegaba a todos al cuello. Pues bien, después de todo aquello las medidas que se adoptaron fueron potenciar el turismo como actividad primordial en nuestro país y motor de nuestra economía, acompañado del fomento del autoempleo. Estas fueron las dos líneas principales de actuación sobre las que se asentó la terapia de choque que permitió una recuperación que, si bien no fue para tirar cohetes, al menos se pude calificar de digna.

Si le echamos un vistazo al conjunto de medidas adoptadas para hacer frente a lo que ya tenemos encima lo primero que salta a la vista es que seguimos en la política de la ayuda, la subvención y la moratoria. Está bien que se ayude y que se subvencione pero me parece mucho más interesante el paquete de medidas tendentes a la liberación del sector de las cargas impositivas que, lejos de desaparecer, se aplazan o, como mucho, se disminuyen parcialmente. Por lo menos, el Gobierno municipal ha tenido la iniciativa de hacer una modificación presupuestaria en ese sentido y, aunque siga en la línea de las dádivas a las que el nacional nos quiere acostumbrar, algo es algo. La cuestión es que las ayudas que se dan a las empresas tienen como siempre su letra pequeña y, como dice el populacho, ‘hecha la ley, hecha la trampa’. Y conste que digo populacho sin llamar a ofensa, sino como reflejo de la imagen que deben tener de nosotros estos nuevos ricos de la casta, viendo cómo nos tratan, y que se han encaramado a la política nacional ya saben ustedes cómo, para qué les voy a contar.

El caso es que nuestra pequeña y mediana empresa, la mayoría de los negocios que hay en Mazarrón, señala que está muy bien eso de las subvenciones pero que deberán tener la puerta abierta entre seis y nueve meses y mantener a los trabajadores o, en caso contrario, devolver la subvención o parte. ¿Y usted eso cómo se lo come? Todo el mundo sabe que los comercios turísticos y la hostelería, la inmensa mayoría de ellos no aguanta seis meses seguidos abiertos por la estacionalidad del turismo en Mazarrón contra la que, dicho sea de paso, tampoco veo que nadie haga nada por evitar. Así que, muchas ayudas y mucho bombo y platillo pero enfrente, y como siempre, la cruda realidad. Ante una situación de hecho como la que vivimos hay que ayudar a generar empleo, hay que ayudar a las empresas a que abran las puertas lo más pronto posible para que la gente pueda trabajar. Eso que siempre se ha llamado el ‘fomento del empleo’ y que por lo visto ha dejado de ser un término al uso en el diccionario de nuestros políticos actuales.                                                                                                                             A ver, para el que necesite repaso, porque ese día no fue a clase. Aquí hasta el más lerdo y analfabeto sabe que la riqueza en el mundo procede del tejido industrial, del desarrollo empresarial, nos guste más o nos guste menos. En las sociedades avanzadas, y esto es de libro, la agricultura representa el diez por ciento de la actividad económica, la industria se sitúa en torno al cincuenta por ciento, y el resto es para el sector servicios y un cuarto sector denominado de servicios financieros. Que alguien haga el favor de repasarse los apuntes.                 

Entendido lo anterior, díganme ustedes dónde están las medidas efectivas para la regeneración o, mejor dicho en nuestro caso, la puesta en marcha (porque no existe) de un tejido industrial o empresarial para Mazarrón. Recordemos proyectos olvidados como el parque empresarial de Las Moreras, que en su día no interesó y el Plan General de Ordenación Urbana que, por lo visto, tampoco interesa y ya llevamos no años, sino décadas, hablando de él. Mazarrón necesita empresas, ¿lo entienden?. Para los cortitos de entendederas, esos sitios donde va la gente a trabajar porque necesitan mano de obra, es decir, personas. ¿Vamos cogiendo el concepto?.

Con todo esto, pensamos que en Mazarrón se van a instalar nuevas industrias o empresas… ¿Cuándo? Cuando San Juan baje el dedo. Todo el mundo sabe, y ya lo hemos reflejado desde esta columna de opinión, que no vivimos en un país rico, esa es una percepción que se queda ahí, en la idea, pero estamos lejos de ser una economía fuerte capaz de resistir y recuperarse con facilidad de los momentos de crisis. Si a esto le añadimos que el turismo en números generales representa diez por ciento largo del PIB nacional y, para los mazarroneros, la mitad del plato de comida que ponemos en la mesa… ya me dirán ustedes qué hacemos.

Es evidente que hay que diversificar y aquí no se ha movido un dedo nunca, (sí, he dicho nunca) para que podamos vivir de una cosa por si falla otra. Dependemos exclusivamente de la ventaja de la fruta extratemprana en los mercados internacionales, la agricultura de mercado y el turismo del verano. Y punto. Aquí se acabó la economía local. Por eso siempre hemos señalado la importancia del tejido comercial porque, en última instancia, es lo más dinámico y visible que tenemos y podemos entender como actividad económica.

Ahora que tanto se habla de ‘modelos productivos’ me vienen a la mente esas palabras que escuchamos durante las campañas electorales en las que se nos dice «que había que pensar en el Mazarrón que queremos para el día de mañana». Pues bien… ahora o nunca. Creo que no vamos a encontrar momento más crítico para repensar nuestra economía local y propiciar nuevas formas de sustento para asegurar el futuro de los mazarroneros, o lo que es lo mismo, para que tengan trabajo.

Les recuerdo que la última vez que se hizo esto fue cuando la gente se iba del pueblo y emigraba al extranjero para ganar un duro porque aquí no había más que hambre. Eso fue a mediados del siglo pasado y se ‘inventó’ la agricultura del tomate como sustituto de una minería que ya había dado sus últimos estertores. De aquel invento hemos vivido durante más de medio siglo y aún hoy la actividad, transformada, persiste. Espero que esta vez no tengamos que esperar a ver cómo los mazarroneros se van del pueblo para adoptar las medidas necesarias. Que seamos capaces, por una vez, de anticiparnos a la ola y verla antes de que volvamos a estar con el agua al cuello.

                                                     

EDITORIAL “LA VOZ DE MAZARRÓN”