Para los partidos de la derecha en Mazarrón, la retórica de la última campaña electoral se fundamentaba en un dilema: continuar en el poder al precio que fuera por consolidar los intereses propios y de sus benefactores. Para ello UIDM, estaba con los populares si  Alicia Jiménez abandonaba y se recomponía el partido con los defensores de su unidad, o gobernaba con el PSOE para forzar su salida desde el poder. El PP con su chulesca arrogancia lo apostó todo a una carta, llegando incluso a ningunear a sus socios de legislatura sin dejar de poner piedras en el camino hasta el final. Los resultados que han obtenido con el obsoleto planteamiento no necesitan mayor comentario, aunque se arrepientan ahora de alentar y promover la división de Cs. Pero uno no está seguro de que las lecciones de esos resultados hayan sido bien aprendidas, y teme que, en el proceso que ha terminado con la formación de otro gobierno transitorio, vuelvan a echar mano del espantajo de la ruptura para dificultar el controvertido pacto por un gobierno estable. Es decir, que sigan haciéndonos perder el tiempo en cenagosas peleas que a nada conducen.

El planteamiento de la derecha contemporizaba dos vicios de forma y un error sustancial. El primer vicio de forma consistía en querer tapar la corrupción que forma parte del conglomerado político-institucional y económico-social de la localidad, erigiéndose en únicos defensores de la transparencia y del buen gobierno en defensa de la ciudadanía, lo que más menos hacen ahora los independientes (PP-b), que dicen hablar en nombre del pueblo. El segundo es olvidar que los verdaderos dilemas escasean, sobre todo en política. Presentar una cuestión como dilema sirve sobre todo para ver que la solución no está en ninguno de sus cuernos, sino en otra parte. El error sustancial fue, naturalmente, pensar que los ciudadanos estaban excesivamente ansiosos por terminar de una vez con ese asunto tan manido de los trueques desproporcionados, y que por ello, iban a dar su voto fácilmente a quienes prometieran hacerlo de la única forma posible: es decir, como mejor lo saben hacer los conservadores, por las bravas. Que eso no es así es la gran lección de las elecciones, y un rayo de verdadera esperanza para nuestro futuro. Pero aún queda algo por aclarar. Bien está que digamos que los independientes quieren romper el bipartidismo con la boca chica, porque ese sería el resultado si lograran su objetivo. Pero cuando el otro lado más progre proclama su compromiso de defenderlo, dando a entender los socialistas maniatados por los “gurús” desde los “despachos influencers”, que sus intenciones no varían sus ideales que son los únicos auténticos, uno se pregunta a qué Mazarrón se refieren. ¿De qué Mazarrón estarán hablando?

Remontémonos un poco en el tiempo, porque a veces ocurre que los aromas que evoca nuestra historia, aunque sea lejana, nos ayudan a entender que “Mazarrón no está de moda”, pero que los “errores y vicios” siguen su notable desarrollo. Lo expongo después de que ninguno de los partidos políticos en esta corporación tenga asegurado un futuro prometedor tras medio año de legislatura. Tampoco las sensaciones apuntan a lo contrario.                                   

El Partido Popular ganó las elecciones pero recibió el merecido castigo de pasar a la oposición. Un duro calvario para su lideresa, que ahora sufre de su propia medicina y las embestidas fachosas de sus detractores. Ciudadanos cayó en la trampa que entre todos le tendieron, “craso error”, habrán de hilar muy fino y esperar acontecimientos en la Región. El PSOE se superó a si mismo alcanzando la Alcaldía tras un antagónico pacto con UIDM de concienzuda elaboración. Los independientes en su última oportunidad siguen en un mar de dudas tentando su suerte, ahora tras las generales una vez visto lo visto tendrán que decidir, y el nuevo apoyo mostrado a VOX parece aclarar el panorama. Y qué decir de VOX, recién aterrizado en el Consistorio en clave pedagógica con el Equipo de Gobierno, si parecía un despropósito su inconcebible afinidad con el PSOE, ya se vislumbra en el nublado horizonte político la jugada independiente de la mano de los disidentes peperos que han quebrado el partido.                                                                                                                                                                     

A día de hoy estamos lejos de lo que fuimos, cuando Mazarrón copaba la economía, marcaba tendencias y era el laboratorio político regional. Algo no se está haciendo bien, o la política está cambiando y nadie se está enterando. Dormirse en el pasado es una mala práctica, en política y en la vida. Renovar o morir.                    

 

COLECTIVO  “EN CLAVE TRANSPARENTE”