Las recetas para la salida de la crisis y el gripado del sistema de redistribución están dejando de lado a las familias, cuyas rentas están creciendo menos que el PIB (Producto Interior Bruto), el indicador que, cuando menos en teoría, mide la evolución de la riqueza nacional. Según la Contabilidad Nacional de Españael PIB per cápita, la distribución de la teórica riqueza del país entre sus habitantes, ha experimentado un aumento de 2.885 euros entre 2013 , año a partir del cual comenzó la recuperación de las variables macroeconómicas, y 2017, en el que se situó en 24.999 euros. En ese periodo, el PIB alcanzó un nivel de récord con 1,16 billones de euros.

Sin embargo, la renta de las familias avanzó a un ritmo mucho más lento, al ganar tan solo 683 euros entre 2013 y 2016, último año para el que ofrece datos la Encuesta de Condiciones de Vida del INE (Instituto Nacional de Estadística). En esos tres años, la renta anual neta por persona  pasó de 10.391 euros a 11.074, con un aumento del 6,5%, mientras el PIB per cápita progresaba desde 22.014 euros a 24.080, con una subida de 2.066 (8,9%).

Las diferencias son mayores si el periodo se amplía hasta 2011, en el tramo más duro de la crisis. Entre ese año y 2016, el PIB per cápita creció un 5,13% tras subir 1.176 euros (de 22.904 a 24.080) mientras las rentas de los ciudadanos lo hacían en solo un 2,5% al aumentar tan solo 279 euros al cabo del año (de 10.795 a 11.074).

La brecha se abre

Paralelamente, la comparación de la evolución de las rentas con la del PIB revela cómo se está abriendo una brecha que indica que la redistribución de la riqueza es cada vez menor en España; es decir, que los beneficios de la recuperación no están yendo a parar a los hogares. De hecho, los principales beneficiarios de ese mejor funcionamiento de la economía están siendo las propias empresas y el Estado, en este caso vía impuestos: la masa salarial de los españoles se sitúa 9.500 millones por debajo del nivel de 2008 (559.777 millones), mientras los excedentes empresariales han avanzado casi 40.000 y la recaudación de tributos ha crecido en 28.000 en ese mismo periodo.

Los salarios se han ido recuperando levemente en los últimos cuatro años, con un avance de 59.000 millones, aunque coincidiendo también con una mejora del rendimiento de las empresas (44.000) y con una reducción de los costes laborales que, pese a la mayor ocupación, no acaba de traducirse en la mejora de los ingresos de las familias.

Así, la relación de las rentas con el PIB per cápita presenta una trayectoria descendente desde 2012, cuando alcanzó su punto más elevado con un 47,8%, que era el porcentaje del segundo de esos datos que se llevaban las familias. Este indicador se sitúa hoy en el 45,98% tras cuatro años de descensos que rondaron las seis décimas anuales entre 2012 y 2015.

Los efectos de la precariedad

Uno de los motivos por los que se da esa situación es la caída de los salarios, que hace que, según los datos de la Agencia Tributaria , fueran inferiores a 12.000 euros los ingresos laborales de 7,6 de los 19,6 millones de contribuyentes que declararon el IRPF en 2016. Son tan solo 300.000 menos que en 2013 , lo que cuestiona que la mejora de la economía se esté trasladando a los asalariados.

El cruce de los datos sobre la evolución del mercado laboral y de las declaraciones del IRPF pone sobre la mesa otra realidad que revela el elevado grado de precariedad del país: el número de ocupados creció en casi 1,4 millones de personas entre 2013 y 2016 (de 17,13 a 18,5 ) mientras la cifra de quienes declaran ingresos de origen laboral aumentaba en poco más de 400.000 (de 19,2  a 19,6 ), en lo que parece un síntoma de la precariedad de esos tres millones largos de trabajadores que entran y salen del empleo sin lograr estabilidad.

Organismos como el Consejo Económico y Social y como la Airef (Autoridad Independiente de Rsponsabilidad) llevan tiempo, por otra parte, alertando del gripado de los sistemas de redistribución de la renta en el país.

 
 
 

FUENTE: PUBLICO