En todos y cada uno de los pueblos de la Región está presente. Aún más en aquellos en donde parece no estarlo. Estirpe predilecta que perpetua privilegios y absolutismos, “la logia caciquil es el pilar esencial de la trama clientelar”. Se presenta como valor fundamental para los pueblos y les exige a todos y cada uno de los integrantes que la respalden, bajo voto, la imagen patentada del acuerdo. Garantiza la expresión de los incumplimientos, pese a que sea casi imposible la revocatoria del poder cedido, que en tal caso, pasa a ser detentado. Se fortalece prometiendo favores apodícticos mediante un patronazgo cimentado sobre una fuerte desigualdad, sostenida en las expectativas permanentes que sólo se cumplen en la medida que se prorrogan, que se dilatan, que se incumplen, una y otra vez, soterrada por mentiras nuevas. Convertida ya, en soberana hermética, incuestionable e inexpugnable, ofrece como alternativa el horror padecido en su cómplice ausencia. Azuza con el fantasma, lo plantea como síntoma, sin ella, en su grado y condición sacra, siquiera podemos pensar un conjunto de reglas que ponga justicia y sentido, a los valores de lo común que cómo promesa, hubo prometido en su representación de pueblo. En su afán hegemónico, en vez de aliarse con dispositivos pares, tales como la institucionalidad y la noción de ciudadanía, percude, pervierte y socava la posibilidad del nexo ciudadano, mediante el desconocimiento de dinámicas imprescindibles como la prostitución de las leyes y el entendimiento claro y preciso de lo público y lo privado. Si tuviésemos un oráculo de Delfos, tal vez la consulta más recurrente sería ¿bajo qué prioridades permite acuerdos para la construcción de mayorías a quienes la representan bajo el yugo opresor del gobierno estipulado? Astutamente exclama a viva voz la defensa irrestricta de preguntar, cuando en verdad, deja el campo extenso para que se afirme o niegue, convenientemente dosificada por la violencia de la agresión, lo secundario o los sucedáneos de la cuestión fundamental, la que no se puede cuestionar, objetar, recurrir, ni mucho menos plantear siquiera bajo la instrumentalización de una elección, si verdaderamente queremos o no continuar bajo el señorío feudal.

¿Pero qué esta pasando? Esta es la pregunta que desde hace mucho tiempo se hace la mayoría de la sociedad mazarronera al comprobar la dispersión de valores, principios éticos e ideas políticas que se propagan cada día. Y digo la mayoría porque algunos saben muy bien lo que pasa, y sobre todo, por qué pasa. Esta dispersión produce una profunda perplejidad intelectual y la consecuente desorientación e inseguridad con respecto a los principios por los que regirnos, dando lugar a que cada cual trate de actuar impunemente a su libre albedrío.

Hemos apostado a esta nueva formulación, que se acendra en la definición del pensamiento lateral, para indagar en lo imposible, para dislocarlo como posibilidad, auscultar el deseo individual, llevar las diversas ambiciones de los múltiples para que puedan constituirse prioridades que determinen un horizonte de lo común, y que puedan orquestar una sinfonía de ecuanimidad, de armonía y de un entendimiento mayor que nos haga vibrar al compás de lo humano.

Tal como lo expresara el filósofo, en su negación de representación como testimonio de tantas voces, “la vida sin música sería un error” y sí no vivimos bajo una que nos interpele a todos y cada uno de los que habitamos bajo un signo de lo colectivo, serán simplemente concebidas, entendidas, sentidas como ruidos, vacuos, cuando no agresivos.

Lo que ocurre en realidad, es que los ciudadanos se han hartado de politiqueros que les ofrecen vino y les dan vinagre; están cansados de que les mientan; de su falsedad e hipocresía; de su demagogia; de sus fantasmagóricas ideologías que solo conducen a la división y el enfrentamiento, pero no resuelven ninguno de los problemas que han de afrontar cada día, lo que no es más que un engañoso cambio de nombres o siglas; se han dado cuenta que las políticas sectarias e interesadas solo generan dudas, incertidumbres y ambigüedades, y por eso pasan cada día más de ir a votar.

La “logia de la trama”, sus extendidas redes corruptas camufladas en la opacidad institucional, no posee como respuesta el concepto unívoco al que todos arribamos. El clientelismo es el sentido mismo de la vida funcionarial, en su complejidad limitada y libertaria, en su misterio individual y su pretensión gregaria.

El nepotismo es la combinación de acción y palabra. El enigmático mecenazgo es la sensación resultante de lo pensado y lo pensable dentro de la experiencia sensitiva y emocionante de lo humano.

La trama misma en sí, es el reconocimiento cabal de la falta, con la altivez soberana de preguntarnos cómo y qué podemos hacer para que el otro, en su respetable individualidad, se integre a nuestra noción del yo y en esta comunión, transformemos la palabra poética en música y ésta devenga en danza…!!Danzad, danzad, malditos!!                                                                          

 

 

COLECTIVO “EN CLAVE TRANSPARENTE”