Antonio Santa Cruz, jefe del Servicio de Neumología del Hospital Universitario Santa Lucía de Cartagena, ha experimentado en directo cómo se vence a la pandemia.

La peor parte de esta primera ola del coronavirus está quedando atrás, pero hay zonas de España a las que apenas llegó el agua. En el Campo de Cartagena, con unos 400.000 habitantes, la pandemia comenzó tarde y se ha suavizado antes. Su red sanitaria no se ha colapsado, al contrario que en Madrid o Barcelona.

Su número de infectados también es inferior al de regiones vecinas, como Castilla-La Mancha. Ocurre igual con los fallecidos. En la Región de Murcia han muerto 70 personas por cada millón de habitantes, un dato bajísimo en comparación con los 509 de Cataluña, los 882 de Castilla-La Mancha y los 1.030 de la Comunidad de Madrid.

El doctor Antonio Santa Cruz, jefe del Servicio de Neumología del Hospital Universitario Santa Lucía de Cartagena, ha experimentado en directo cómo se vence a la pandemia. Es uno de los pocos expertos en el tratamiento del coronavirus que ha gestionado la crisis desde el borde del precipicio.

En su demarcación, los datos son incluso mejores que en el resto de la comunidad. Se preparó para el tsunami que le describían sus colegas de la capital y reservó 150 camas para infectados, pero no fueron necesarias más de 50.

¿Por qué el campo de Cartagena y otras zonas de España, como Menorca, que no ha tenido ingresos en los últimos 11 días, han sufrido los efectos del virus de un modo tan leve? Santa Cruz apunta que fue decisivo que el estado de alarma entrara en vigor el mismo día que su hospital registró el primer ingreso.

En Madrid, esa medida tendría que haberse aplicado dos semanas antes. También cree que ha ayudado el calor de finales de febrero y principios de marzo, así como la menor densidad de población. Defiende que se inicie el desconfinamiento, aunque está convencido de que habrá nuevos picos. Su preocupación ahora es estar preparados para cuando ocurra.

PREGUNTA. ¿Cuál es la situación en su hospital en estos momentos? ¿Cuántos pacientes tiene ingresados?

RESPUESTA. Tenemos en planta a 15 pacientes positivos con Covid-19, otros nueve que pensamos que lo tienen pero las PCR son negativas y, en la UCI, cuatro pacientes con coronavirus. La situación que nosotros vivimos no es ni de lejos la situación que ha vivido Madrid o Albacete, por ejemplo, que está justo al lado. En nuestros peores momentos hemos llegado a tener 50 pacientes ingresados y otros 14 en la UCI. La semana pasada hubo cinco ingresos. Y esta llevamos tres.

P. Los datos son excelentes, mejores que en la mayoría de España. ¿Puede decirse que ya se ha superado el coronavirus en su zona?

R. Ese planteamiento es incorrecto. Esto es una pandemia. Es mundial. Si se controlan los contagios, bajarán los infectados. Pero si no se controlan, volverán a subir. Esto no se ha curado. Ahora, en cuanto se relajen las medidas de aislamiento, habrá un repunte. Y eso provocará un incremento de los contagios. ¿Qué repunte? ¿Qué intensidad tendrá? Eso es algo que tenemos que ver. Pero pensar que esto se ha resuelto, a nivel sanitario, no lo piensa nadie. La clave ahora es controlar la infectividad del virus, su capacidad de infección. Si abrimos todo, el virus volverá a contagiarse todo lo que pueda.

P. ¿Cómo recibieron las primeras noticias sobre el Covid-19? ¿Cómo reaccionaron?

R. Veíamos lo que iba a venir. Nosotros nos guiamos por lo que estaba ocurriendo en Madrid. Asumimos que nos iba a pasar lo mismo. Hablé con compañeros de allí y calculé que podríamos llegar a necesitar unas 150 camas en planta y las 27 la UCI y también las de reanimación. Diseñamos hasta cinco nivel de gravedad. En el peor escenario, habría incluso camas en los pasillos, en las consultas, en las zonas quirúrgicas… Ese era el nivel 5. Pero no hemos llegado. Nos hemos quedado entre el 3 y el 4, y ahora estamos mejorando considerablemente, como todo el mundo. Con la diferencia de que nuestro pico ha sido bajo. Ahora estamos muy bien.

P. ¿Qué cree que ha influido para que la pandemia no haya alcanzado un nivel crítico en su zona?

R. En ciudades como Madrid, que tienen mucho acúmulo de gente, la infectividad es mucho mayor. En la Región de Murcia no hay un Bernabéu en el que se junten 100.000 personas, no hay macroconciertos, no hay un metro en el que diariamente viajen más de un millón de personas, no hay manifestaciones, ni congresos de partidos políticos… Las ciudades, cuanto más grandes son, provocan mayores acúmulos de gente y aumentan la infectividad del virus. Murcia es más grande que Cartagena y ha tenido más infectados que Cartagena, por ejemplo. Cuanto más pequeña es una ciudad, menos riesgo de infección.

P. ¿Qué incidencia atribuye a las medidas de confinamiento?

R. La gran suerte que ha tenido esta Región ha sido ser la última en tener infectados. El primer paciente en Murcia se registró el día 8, que fue una chica que había participado en un congreso en Madrid. En Cartagena, el primer caso tuvo lugar el día 10, un erasmus que vino de Italia. El día 12 ya se cerraron los colegios. Y el día 14, cuando se produjo el primer ingreso en nuestro hospital, se aprobó el decreto del estado de alarma. Las medidas de aislamiento para evitar la propagación del estado de alarma fueron aquí muy precoces, llegaron con el primer caso. Y eso ha sido fundamental. Vino mucha gente de Madrid esos días [para instalarse en segundas residencias de playa] pero enseguida se le confinó. El Gobierno regional reaccionó rápido y envió a la policía para recordarles que estábamos en cuarentena y que no podían salir de sus casas. Todo eso ayudó.

P. Por lo que está viendo en su hospital, ¿cree que si esas medidas se hubieran tomado en Madrid, por ejemplo, una semana antes, la situación no habría llegado a ser tan grave?

R. Incluso antes. El fin de semana del 8 de marzo estuve hablando con mis compañeros de Madrid y ya tenían más de 100 pacientes ingresados. Para establecer un paralelismo con lo que pasó en Murcia, esas medidas las tuvieron que tomar solo unos días después de su primer caso [el primer caso en Madrid fue el 25 de febrero]. Probablemente, aunque se hubieran cerrado los colegios en Madrid el 1 de marzo en lugar del 11, ya era tarde. Aquí se cerró todo mucho antes. Cuando empezó a haber casos, ya estaban las restricciones. Y aun así, hemos llegado a tener 50 pacientes ingresados.

P. ¿Qué hicieron en ese tiempo extra?

R. Nos dio margen para prepararnos. Italia estaba mal, pero en España no se tomaron medidas. En Madrid no lo vieron venir. Aquí sí tuvimos tiempo. Antes incluso de tener el primer ingreso, dividimos las urgencias para separar a los pacientes afectados por Covid; se aislaron plantas del hospital; los centros de atención primaria se pusieron a trabajar en los controles, siguiendo por teléfono desde el principio a pacientes con sospechas para que no se movieran, algo que ha sido fundamental… Se tomaron decisiones con más de tiempo y eso ha ayudado a que la situación no fuera a más. Aunque lo fundamental ha sido evitar que se contagiara la gente en la calle.

P. El coronavirus ha obligado a improvisar la forma de curarlo. La tasa de mortalidad ha ido bajando a medida que se han hallado tratamientos. ¿Se ha notado también en este aspecto haber sido uno de los últimos territorios de España en tener casos?

R. Nosotros nos hemos aprovechado de lo que aprendieron nuestros colegas chinos, italianos y madrileños. Es así. Cuando estábamos planeando cómo hacer los protocolos, leíamos lo que había ocurrido en esas zonas e íbamos modificando y ajustando a nuestro medio. Eso nos ha ayudado muchísimo. Que el brote llegara tarde nos sirvió incluso para preparar protocolos antes de tener ingresados. El uso de la hidroxicloroquina contra el Covid se descubrió en China y poco a poco se fue incorporando a los protocolos. Pero nosotros, al primer paciente que ingresó, ya le pusimos hidroxicloroquina. Porque ya lo teníamos previsto. Y al primer paciente que se puso mal, le pusimos los inmunomoduladores ya preparados para administrárselos, otro hallazgo que se produjo semanas antes. Este es el mes que más hemos estudiado desde que ejerzo. Leemos dos o tres artículos diarios. Hemos ido sobre la marcha, variando y cambiando, porque no hay nada edificado científicamente.

P. Se habla mucho del efecto del calor en el virus. Esta zona de España es una de las más cálidas. ¿Considera que ha podido influir?

R. Yo creo que ha sido muy importante. Más de lo que la gente piensa. Lo que se sabe es que tanto el calor como la humedad disminuyen los contagios. No lo frenan pero sí rebajan la infectividad. Y en finales de febrero y principios de marzo, en Murcia estábamos a 35 grados. Fueron dos semanas de verano. De verano pleno, de calor. Y creo que eso influyó. Aún hay que estudiarlo, pero creo que es evidente que el calor y la humedad afectan al virus. Posiblemente, porque dura menos tiempo en el ambiente. No se anula. No es como la gripe, que desaparece en verano. En el hemisferio sur está habiendo casos de coronavirus, pero también es cierto que hay menos que en los países del norte. Nueva York está fatal y Buenos Aires no tanto, por ejemplo.

P. ¿Ha llegado a ser necesario habilitar morgues especiales para los fallecidos?

R. Pero si aquí hemos tenido 115 muertos en toda la Región de Murcia, que tiene un millón y medio de habitantes. Por suerte, no ha sido necesario.

P. ¿Esos datos son similares a los que se producen durante la temporada de gripe?

R. No, no llega a ese nivel. El coronavirus ha sido peor. En los tres meses que dura aquí la gripe puede morir ese mismo número de personas. Ahora han fallecido los mismos pero en tres semanas. En cualquier caso, no ha habido problema para gestionar esos fallecimientos. No es como en Madrid, que ha habido más de 6.000 muertos.

P. Si casi toda la población está confinada y el distanciamiento social de los que salen de casa es extremo, ¿cómo se producen los contagios ahora?

R. Los pacientes que nos llegan en estos momentos se han infectado en el ámbito familiar, dentro del hogar. Uno de los miembros sale a comprar, lo coge y se lo pega a su padre, una persona mayor, por ejemplo. Se han reducido casi completamente los contactos, pero queda algo de vida. Hay cosas que no se pueden dejar de hacer. En Murcia estamos en una tasa de contagio que ronda el 0,7, es decir, que cada enfermo infecta a menos de una persona. Eliminar el virus al 100% es muy difícil. Se tendría que aislar completamente a las personas. Y eso implicaría que no salieran a comprar pero tampoco que les llevaran la comida. Eso es imposible.

P. No haber sufrido una situación de colapso, ¿le permite contar con más material disponible que otras regiones? ¿Se están haciendo más test que en otras partes de España?

R. Bueno, ahora mismo tendríamos que tener test suficientes para poder controlar a los asintomáticos. Y no tenemos test. Eso es lo que tenemos que intentar. Sobre los test prometidos por el Ministerio, han empezado a llegar pero estamos pendientes de que se indique cómo deben utilizarse. Ahora solo tenemos test para diagnosticar a las personas que nos van llegando. Pero para hacer un mapa de la población general hacen falta más recursos. Hoy por hoy no los tenemos.

P. ¿Cómo cree que puede influir el haber tenido tan pocos casos de cara a nuevos brotes?

R. Es algo que estamos hablando mucho. Necesitamos saber qué porcentaje de la población está inmunizada en Murcia. Tenemos que asumir que si nosotros hemos tenido menos muertos y menos ingresados, vamos a tener menos gente protegida. También queda por saber qué grado de inmunidad te dan exactamente los anticuerpos. Si es o no efectiva. Es alto que tampoco está claro. ¿Qué capacidad tiene el virus de volver a una personas infectada? No lo sabemos.

P. Pero, con los datos que tiene, ¿cree que un nuevo brote castigaría especialmente las zonas de España que menos contagiados han tenido en esta primera ola?

R. Si se ceba con lugares como Murcia también ocurrirá de nuevo lo mismo en Madrid, por ejemplo. En Madrid habría más inmunizados de los que tenemos aquí, pero no tienen los suficientes para frenar una pandemia. Si el 30% de la población ya se hubiera contagiado, el virus se ralentizaría, pero no se evitaría otro brote. Para eso sería necesario que estuviera inmunizada más del 60% de la población.

P. ¿Cuándo cree que podría llegar el nuevo brote?

R. En cuanto aumenten los contactos de la gente. Seguro. Esto es una pandemia. Hasta que no haya una vacuna, un tratamiento o se contagie un porcentaje significativo de la población, habrá repuntes.

P. En los últimos días, muchas voces están pidiendo que se relajen las medias de confinamiento en aquellas comunidades autónomas o municipios que se encuentren en mejores condiciones. ¿Cree que ha llegado el momento en su zona, por ejemplo?

R. Podría hacerse, pero habría que garantizar que no se produce un desplazamiento aquí desde otras provincias en las que hay mayor tasa de contagio. No sé si es posible asegurar que no se van a producir movimientos de ese tipo. Parece difícil. En cualquier caso, si tienes que abrir la actividad económica, tienes que hacerlo de una forma muy, muy lenta. Para ver qué consecuencias tiene cada una de las medidas. Después de cada decisión, habrá que esperar como mínimo dos o tres semanas para ver qué ocurre, cómo evolucionan los números de afectados e ingresos. Para poder comprobar el efecto de la relajación. Si se dispara la pandemia, habrá que echar marcha atrás. Es la única forma de hacerlo que existe. A no ser que se pudieran hacer pruebas a todo el mundo. Pero sabemos que, hoy por hoy, eso no es posible.

P. Usted vive lo más parecido a la normalidad que permite el virus. ¿Cómo describiría su situación?

R. La normalidad no existe. No volveremos a lo que vivíamos antes de la pandemia hasta que no pase completamente. Ahora mismo estoy empezando a abrir consultas pero muchas son telefónicas. No puedo abrir una consulta y tener a 50 pacientes en la sala de espera. La vida no va a ser la misma. Tampoco la actividad sanitaria. Aunque solo tengamos ingresados 15 pacientes, no puedo cerrar las plantas que tenemos reservadas para el Covid y permitir que se ocupen con otros pacientes, porque en cualquier momento puedo tener que usarlas otra vez si se produce un nuevo rebrote. No podemos bajar la guardia. El miedo ahora es que venga de nuevo el coronavirus y no estemos preparados. Hasta ahora lo hemos estado. En ningún momento hemos tenido ocupadas todas nuevas zonas UCI ni nos hemos quedado sin máquina para ventilar a los pacientes. Eso es así. Afortunadamente.

 

El Confidencial