En julio, ERC se abstuvo gratis en la votación de investidura de Pedro Sánchez. En septiembre, anunció que lo haría de nuevo, desdiciéndose de sus palabras de que la segunda vez sería más difícil. Pero ni en julio ni en septiembre era determinante porque faltaba lo más importante: un acuerdo entre el PSOE y Unidas Podemos.

Ahora, la entente entre Sánchez y Pablo Iglesias está acordada, a falta de detalles. Y ERC ha decidido que lo que valía antes ya no vale ahora, aunque el riesgo de unas terceras elecciones haga crecer aún más a Vox, que duplicó sobradamente sus escaños entre abril y noviembre.

Este miércoles, los republicanos lanzaron la bomba. «¿Estás de acuerdo en rechazar la investidura de Sánchez si previamente no hay un acuerdo para abordar el conflicto político con el Estado a través de una mesa de negociación?». Esa es la pregunta de la consulta electrónica a la que el lunes 25 de noviembre tendrán que responder sus militantes.

ERC no está dispuesta a abstenerse gratis. Ni aunque un Gobierno de coalición PSOE-Unidas Podemos sea, probablemente, el mejor interlocutor que pudieran soñar los dirigentes independentistas, especialmente si se compara con otras opciones, desde una gran coalición de socialistas y populares, un Gobierno del PSOE con Ciudadanos o uno de PP, Vox y Ciudadanos.

ERC aprieta, pero no ahoga

Los republicanos presionan. Aprietan, pero tampoco ahogan. Quieren garantías por escrito, pero en la propia pregunta evocan la condición que debería de llevarlos a abstenerse: «una mesa de negociación para abordar el conflicto político con el Estado». Ni se pone apellidos a la mesa de negociación ni se habla de un conflicto político entre Cataluña y España, como a menudo mencionan dirigentes independentistas de distintas sensibilidades, apelando a supuestas realidades distintas.

En otras palabras: ERC parece estar indicando, con la pregunta a su militancia, un precio a su abstención que también podría permitir al PSOE descartar otras concesiones, desde la figura del relator a una ley de amnistía, pasando por la posibilidad de que la mesa de negociación tuviera como primer punto en su orden del día un referéndum de autodeterminación. ¿Una consulta para justificarse en el «no» o para justificar la abstención a cambio de un gesto asumible?

Una vez hable la militancia, las conversaciones entre Gabriel Rufián y Adriana Lastra, portavoces de ERC y del PSOE, podrían retomarse muy pronto. Y todos sabrán dónde están. La militancia, que previsiblemente respaldará lo propuesto por la dirección, podrá justificar tanto un «no» como una abstención. O incluso, en teoría, aunque sea poco probable, un «sí». La pregunta no lo excluye. Las militancias, incluso una vez consultadas, pueden interpretarse con flexibilidad.

¿Una mesa dentro de la Constitución?

Los republicanos tendrán que aclarar si están dispuestos a aceptar una «mesa de negociación» que sea compatible con uno de los puntos del preacuerdo entre el PSOE y Unidas Podemos que tranquilizó a los socialistas menos partidarios de depender de ERC. «El Gobierno de España tendrá como prioridad garantizar la convivencia en Cataluña y la normalización de la vida política. Con ese fin, se fomentará el diálogo en Cataluña, buscando fórmulas de entendimiento y encuentro, siempre dentro de la Constitución». ¿Cabe la «mesa de negociación» dentro de la Constitución? ¿Debatirá sobre asuntos que no quepan en la Carta Magna?

Por su parte, el PSOE tendrá que decidir hasta dónde quiere llegar con ERC y qué puede ofrecer a los republicanos, cada vez más temerosos de perder, de nuevo la primacía en Cataluña que le dan las encuestas y que en el pasado le quitaron las urnas para dársela a Junts per Catalunya. La subida del partido de Carles Puigdemont el 10 de noviembre (pese a una mayor competencia, con la irrupción de la CUP, y una menor participación global) y la bajada de los republicanos hizo saltar algunas alarmas. Y llevó al partido de Oriol Junqueras a ganar tiempo anunciando conversaciones con JxCat y CUP para una posición unitaria que, en realidad, no tendrán reparos en abandonar si logran alguna concesión de Sánchez que guste a su electorado potencial en las próximas elecciones catalanas.

Independentistas por España

Lo que está claro es que la dinámica del PSOE de llegar a un acuerdo con Unidas Podemos y esperar sencillamente que los demás no bloqueen era una fantasía o un señuelo. «Toca que todos pongamos por delante a España y por detrás nuestros intereses. Y cuando digo todos, digo todos, incluidos también los partidos independentistas», dijo esta semana Carmen Calvo, en tono serio.

Sánchez tendrá que arremangarse. Podrá decir que lo que negocie con ERC será aceptable o inocuo para la estabilidad de España y la defensa de la Constitución. Pero tendrá que llegar a un «acuerdo» para crear una «mesa de negociación». Y eso es depender de los independentistas, que es justo lo que dijo que tendría que evitar. Es más, es negociar con independentistas, no sencillamente esperar su decisión autónoma y advertirle de las consecuencias de tumbar al candidato. Nadie da nada a cambio de nada. En julio y en septiembre podría parecer que ERC sí. Pero ya ha quedado claro.

 
 

FUENTE: ELESPAÑOL