Horror, terror y pavor. Cuando el pasado 6 de junio se conocía el nombramiento del presentador y escritor Màxim Huerta como ministro de Cultura, la última de las carteras anunciada por Pedro Sánchez en esa trepidante cabalgada de las Valquirias propagandística que siguió a su llegada a La Moncloa, pocos esperaban que el simpático y locuaz tertuliano de Ana Rosa Quintana, señalado para un ministerio menor, se tornara en solo una semana en la primera y durísima prueba para el nuevo Gobierno. Tras la obligada dimisión de Huerta después de que El Confidencial desvelara sus trapicheos con Hacienda, Sánchez ha decidido apostar sobre seguro, sin folclore ni estridencias. El nuevo ministro de Cultura y Deportes será José Guirao (Pulpí, Almería, 1959), un gestor cultural experto de la vieja guardia.

Guirao es el hombre llamado a superar el escándalo. Pedro Sánchez ha evitado esta vez las estridencias mediáticas y ha elegido a un gestor cultural puro, experto en arte de vanguardia, que dirigió el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía entre 1994 y 2001 y La Casa Encendida, centro cultural de referencia de Madrid, de 2002 a 2014. En la actualidad, era el primer responsable de la Fundación Montemadrid. Licenciado en Filología Hispánica, responsable del Área de Cultura de la Diputación Provincial de Almería entre 1983 y 1987, hoy Guirao es patrono de cuatro fundaciones: García Lorca, Antonio Gala, José María Sicilia y Grabado Español Contemporáneo.

El nuevo ministro de Cultura y Deportes llegó a Sevilla en 1988 para integrarse en la Junta de Andalucía como director general de Bienes Culturales. Sus grandes proyectos de aquella etapa fueron el Plan General de Bienes Culturales de Andalucía, la Ley de Patrimonio Histórico de Andalucía, el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo o el Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico. De Sevilla pasó a Madrid, fue director durante un año de Bellas Artes y Archivos del Ministerio de Cultura y en 1994 obtuvo la dirección del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, donde licitó la ampliación del museo, proyecto que obtuvo el francés Jean Nouvel.

Pedro Sánchez ha evitado esta vez las estridencias mediáticas y ha elegido a un gestor cultural puro, experto en arte de vanguardia

Seguramente la actuación más relevante de Guirao en su larga carrera como gestor cultural fue la retirada en 1995, cuando dirigía el Reina Sofía, del cristal blindado que había protegido el ‘Guernica’ de Picasso desde su regreso a España. Entonces defendió la operación para acercar la obra a todos los españoles pese a que, advirtió, “no podemos garantizar su seguridad al cien por cien porque siempre puede haber algún loco suelto que intente agredir el mural, pero esperemos que nada de eso ocurra”.

Crítico con el nacionalismo catalán, en una entrevista publicada por ‘ABC’ el pasado año Guirao denunciaba así la superioridad cultural de los independentistas: “El problema de algunos catalanes es que entienden la diferencia como superioridad. Me parece de mal gusto hablar así de otras culturas. De ellas puedes hablar en término de diferencia o de admiración. Hacerlo en término de desprecio me parece una señal de incultura“.

Con el nombramiento de Guirao, se impone la serenidad tras el caos. Los problemas acucian. La SGAE está descontrolada y a punto de la intervención, la mil veces anunciada Ley de Mecenazgo espera desde hace ya demasiado tiempo en un cajón, los trabajadores del Teatro de la Zarzuela y del Real están en pie de guerra tras su anunciada fusión, el Estatuto del Artista urge y la Ley de Propiedad Intelectual quizá no aguante ni siquiera hasta el fin de la legislatura. Este último, además, es terreno prohibido para un PSOE que aún recuerda la tangana vivida bajo el ministerio de González-Sinde que provocó la dimisión de Álex de la Iglesia al frente de la Academia del Cine.
 

 

 
 
FUENTE: ELCONFIDENCIAL