ADOLFO FERNÁNDEZ AGUILAR

 

Y en este momento crítico, ¿qué podemos hacer los españoles para salvar este barco en el que navegamos, que es la Constitución española? ¿Basta con organizar cuatro o cinco actos oficiales, con más o menos brillo, para conmemorar que una vez, hace cuarenta años, aprobamos una Constitución modélica que nos salvó del cataclismo, y después seguiremos durmiendo como hasta ahora?

No basta con nuestro lamento y continuo lloriqueo diario y después dejemos a otros que destruyan, impune e implacablemente, todo el marco constitucional. Erosionando, desprestigiando y desmontando el orden constitucional, los independentistas pasan así todas las horas del día. Le acompañan los radicales de izquierda, enseñoreados en el populismo más repugnante como plaga destructora de termitas que ataca y devora la Constitución, todos los días con sus noches incluidas. Y mientras tanto, los constitucionalistas que forman la inmensa mayoría del pueblo español, solo es una masa muda y durmiente que calla y consiente mientras ve “Sálvame deluxe”.

Hasta que todo salte por los aires y venga lo peor. Ese silencio y pasividad del pueblo español es el culpable de todo lo que ocurre hoy. Un pueblo huérfano que desesperadamente espera la aparición, imposible hoy, de los líderes imprescindibles con coraje que debieran conducirle.

Ese español indómito y sabio que es Fernando Sabater, acaba de decir: “Hoy quien está gobernando el país es el PSOE de garrafón. Hay otros que todavía son marca embotellada. Espero que los del garrafón se diluyan y vengan los del PSOE constitucional, los de verdad”. Y añado yo que ahora no hay líderes, hay dirigentes de garrafón en casi todos los sitios además del PSOE. Hoy no hay líderes carismáticos porque casi todo está en manos de los del garrafón.

Salgo a la calle a plena luz del día con mi candil, como Diógenes, y cuando digo: “Busco un líder con coraje para que salve a España”, el silencio es la respuesta. Si hubiera líderes políticos constitucionalistas con coraje, ya habrían movilizado al pueblo español en apoyo de la Constitución herida de hoy, diciendo: “Habla, pueblo, habla”, manifestándose masivamente las calles españolas y reafirmándolo en Referendum. Tres veces ha ocurrido en democracia. Movilizados con la canción “Habla, pueblo, habla”, que fue casi himno de la Transición, los españoles votaron en el Referendum del 6-12-1976 la Ley de Reforma Política, con el 94,17% de votos favorables. Dos años más tarde, el 06-12-1978, el pueblo español, también en Referendum, aprobó la Constitución con el 87,70% de los votos.

Y por tercera vez, el 27-2-1981, sólo cuatro días después del golpe de Estado del 23F, el pueblo español tomó masivamente las calles de España manifestándose en defensa de la Constitución española y la democracia. El 23 F, desde los primeros minutos del golpe y toma del Congreso, y pese a las órdenes militares dictadas, yo gritaba “Viva la Constitución” desde los micrófonos de Radio Juventud de Murcia, la emisora que dirigía, para mitigar el miedo que teníamos. Todos los partidos políticos y corporaciones organizadoras de la multitudinaria manifestación del 27F me otorgaron ese día el más alto honor que he recibido en mi vida: ser el único orador, en representación de todos ellos, del manifiesto que se leyó en la Glorieta, al final de la manifestación de igual texto para toda España. El folio que leí fue interrumpido hasta en catorce ocasiones con vítores y aplausos.

Cuarenta años después, aquí me tienen hoy, emocionado y entristecido con lágrimas en los ojos, añorando aquel “habla, pueblo, habla” de entonces; a aquellos partidos que anteponían el bien común a sus propios intereses, y la fuerza de aquel pueblo español de entonces, unido y apiñado, defendiendo férreamente su Constitución.