El 7 de septiembre, como cada año, el centro de Pyongyang se había engalanado para el día de la Independencia, que marca la fundación del país. Decenas de miles de personas esperaban estoicamente bajo la lluvia, ataviadas con trajes tradicionales e impolutos uniformes y blandiendo pompones de llamativos colores, a una comitiva muy especial. Cuando los vehículos, una interminable columna de todoterrenos, tomaron las calles el júbilo estalló entre el público, pero en esta ocasión el destinatario de las desaforadas emociones no era el Líder Supremo, sino los científicos responsables del programa nuclear que han transformado el país paria, hazmerreír de Occidente, en una potencia atómica de pleno derecho: los nuevos héroes de Corea del Norte y el orgullo de Kim Jong-un.

El dictador decidió recompensar así, tras el ensayo de la Bomba-H, a sus expertos, a quienes recibió horas después del desfile -una fiesta popular con fuegos artificiales y danzas tradicionales- en un banquete en su honor lleno de familiaridades, recalcando la estrecha relación que le une con sus científicos. En él, el vicepresidente del Comité Central del Partido de los Trabajadores, Ri Man-gon, felicitó por órdenes de Kim a “los valientes héroes” detrás de la Bomba H, “verdaderos patriotas que dedican su juventud, sus vidas y sus familias y deben ser respetados por todo el país”.

Mientras, el líder se prodigaba en sonrisas, confianzas y abrazos con los científicos. Con ellos desaparece la gravedad que suele caracterizar a los acompañantes de Kim: en las fotos oficiales, el líder sonríe ante oficiales hundidos tras sus uniformes grisáceos y sus libretas. Los científicos, con sus sorprendentes éxitos a la hora de desarrollar el programa nuclear militar pese a la asfixia de las sanciones, constituyen la debilidad de Kim, quien apostó por el sector impulsado por su padre, Kim Jong-il, y su abuelo Kim Il-sung, como base del progreso nacional.

“La ciencia y la tecnología son como el corcel y la locomotora: es una de las frases favoritas de Kim Jong-un”. Lo contaba la revista Korea Today a principios de este año, en un reportaje plagado de anécdotas protagonizadas por Kim. “Aquí va una historia. En enero de 2014, Kim Jong-un inspeccionaba la Academia Estatal de Ciencias y dedicó día y medio a sus científicos, y uno de los más veteranos le prometió escribir un artículo titulado: “Un día y medio para los científicos”. Al escucharlo, Kim Jong-un respondió que no les dedicaba un día y medio, sino todo el año.

Recordando un dicho, según el cual alguien que hace algo reseñable merece un cojín dorado, sugirió construir apartamentos que recordasen cojines dorados para los científicos. Y así es como se diseñaron los apartamentos de la Universidad Kim Il-sung, de la Universidad Tecnológica Kim Chaek, de la calle de los científicos Unha, del barrio residencial para los científicos Wisong o de la Calle de los científicos Mirae”, reseña la publicación, en referencia a las múltiples infraestructuras dedicadas a ellos en los últimos años.

Científicos, profesión de moda en Corea del Norte

“Casi nadie sabe los esfuerzos de los científicos nucleares, pero el partido los sabe y los aprecia”, recordaba en el banquete Ri Man-gon. Y lo demuestra. Eso ha puesto de moda la profesión en Corea del Norte, y en ello influye que el dictador puede llegar a ser espléndido. Les ha dedicado centros de investigación, institutos y academias que se reproducen como esporas. La última calle que les ha levantado es la lujosa Ryomyong, una mastodóntica avenida plagada de futuristas rascacielos con apartamentos para sus académicos y científicos: en una máxima expresión de su reconocimiento, la calle desemboca directamente en el lugar más sagrado de la iconografía del régimen, el Palacio de Kumsusan, mausoleo de los dos padres de la nación, Kim Il-sung y Kim Jong-il.

“Los científicos que antes sobrevivían con poco presupuesto reciben las mejores partidas para el desarrollo de misiles y armas nucleares desde que Kim Jong-un llegó al poder”, confiaba una fuente de Hamgyong del Norte al canal en coreano de RFA. “Edificios residenciales para ingenieros y científicos se construyen en Pyongyang y el Comité Central del Partido ha decidido dar preferencia a los científicos en los apartamentos en construcción de cada provincia”.

Los privilegios son tales que ahora los padres norcoreanos animan a sus hijos a ser científicos, rediseñando socialmente un país que durante décadas se limitó a la agricultura de supervivencia. Entre 1948 y 2011, con su abuelo y padre en el poder, la tendencia de la élite era criar a sus hijos para ser funcionarios del régimen o profesionales que pudiesen ganar divisas. “Los tutores de música o baile eran quienes más cobraban con Kim Jong-il. Ahora, son los profesores particulares de matemáticas, física y ciencias quienes sacan más dinero”, explicaba a la emisora otra fuente de la provincia de Yaggang.

Nada extraño en un país regido por un hombre que se sustenta en su programa nuclear para sobrevivir, un ejemplo de superación -la autosuficiencia es la máxima y orgullo nacional- que ha dejado boquiabierta a la comunidad internacional. Su programa balístico y nuclear no es ninguna novedad, pero los últimos avances han supuesto un sobrecogedor desafío a la lógica de las sanciones y parecen ser la norma, no una excepción.

“Han estado probando motores que aún no hemos visto en sus misiles”, recordaba Scott LaFoy, analista del portal especializado NKNews. “No creo que hayan terminado”. “No es algo que hayamos visto antes y no creo que nadie se lo esperara”, añade el investigador del Instituto Middlebury, Michael Duitsman. “Han enseñado muchísimas novedades este año y, para cerrarlo, nos han mostrado algo muchísimo más grande”, añadió en referencia al último misil intercontinental, que deja a su alcance a todo EEUU, equiparándose a su archienemigo. Pocos dudan que puedan conseguir dotar a sus misiles balísticos de cabezas nucleares y de perfeccionarlos para evitar que se desintegren antes del impacto.

Kim parece resucitar así el escenario de la Guerra Fría, donde la política de la Destrucción Mutua Asegurada libró al mundo de un conflicto que habría sido nuclear. Los orígenes del programa atómico norcoreano se remontan a mediados de los 50 del siglo pasado, cuando los soviéticos que apadrinaban a Kim Il-Sung y sus científicos norcoreanos “comenzaron a experimentar con física nuclear básica”, explica el experto en Defensa e Inteligencia norcoreana Joseph S. Bermúdez desde Denver (Colorado). Las primeras prospecciones en minas de uranio, localizadas en Corea del Norte, les permitieron abastecerse del material clave, pero aún necesitaban el conocimiento y la técnica.

La lección de Pakistán

Para suplir su primera carencia, “comenzaron a enviar a la Unión Soviética y a China a científicos que se especializaban y que formaban a su regreso a otros”, explica Bermúdez, creando su propia escuela. La tecnología llegaría más tarde, gracias a un inesperado aliado: la red de Abdul Qadir Khan, padre de la bomba atómica paquistaní, el científico que desarrolló un mercado negro nuclear internacional en el que vendía y compraba material de doble uso, planos, prototipos y todo lo necesario para dotar a estados parias de un arsenal nuclear: así aprendieron a enriquecer uranio.

“Obtuvieron el conocimiento de Pakistán”, su gran socio nuclear durante 40 años. “Sabemos que han adquirido los equipos y materiales que necesitan para construir las centrifugadoras desde principios de los años 90, mediante la red de adquisición [de Khan] y están en posición de replicar centrifugadoras como si acuñaran monedas”, detallaba el experto en armamento Mark Hibbs, de la Fundación Carnegie.

“Corea del Norte lleva en el negocio de la investigación nuclear desde hace décadas, y la mayor parte del tiempo formaba parte del Tratado de No-Proliferación. Eran aliados de la Unión Soviética, así que el resto del mundo les veía como un estado sujeto a la no proliferación forzada por la URSS. Los chinos también miraban a Corea del Norte sin contribuir, por lo que se sabe, a la proliferación. Pero en algún momento, en los 70 o los 80, comenzaron a acumular tecnología nuclear sensible. Se interesaron en el reprocesamiento de combustible, el plutonio, investigación y desarrollo…”, continúa Hibbs. Y comenzaron a importar y exportar tecnología, pagando en efectivo y con piedras preciosas, aprovechando el caos de la época.

Agentes norcoreanos se hicieron con el diseño de planta de separación de plutonio, la erigieron y 10 años después, comenzaron a experimentar. “Cuando acabó la Guerra Fría, Corea del Norte percibía amenazas existenciales de EEUU, Corea del Sur… Abandonaron el TNP cuando ya llevaban 30 o 40 años en el negocio. Tenían la tecnología y los equipos y comenzaron a usarlos para propósitos militares. Al fin y al cabo, las técnicas pueden ser usadas para objetivos pacíficos y no pacíficos”, explica Hibbs. China hizo la vista gorda permitiendo la exportación de material de doble uso, pero Pyongyang también usaba otros países para importar material, desde Malasia a Emiratos Árabes pasando por Chipre, Taiwán, Filipinas o Tailandia. Sucedió hasta que la red Khan fue desmantelada y las sanciones restringieron drásticamente su círculo de amistades, pero no su voluntad.

“Hay que reconocer el mérito de los científicos norcoreanos: desde los intercambios académicos han pasado 70 años y han sabido mantenerse actualizados, pese a no tener acceso a información de otras potencias nucleares”. Son palabras de Bermúdez, para quien no cabe duda de que son muy capaces de terminar su programa nuclear sin asistencia externa para gloria de un líder que, con apenas 34 años, ha logrado gracias a sus científicos una posición de fuerza sin parangón en los 70 años de Historia de Corea del Norte.

 

 

 

 

 

 

 

FUENTE: ELMUNDO