LA FIRMA DE IÑAKI GABILONDO
 

La situación es tan desastrosa que la semana que viene podríamos tener en Cataluña a la vez una comunidad autónoma intervenida y una república independiente proclamada. Este viaje no puede continuar. Sería necesario apearse, pero ya es tarde. El Govern se ha ido cerrando todas las salidas y se las ha ido cerrando también al Gobierno. No hay donde encontrar ningún asidero para introducir el mejor cambio.

En la lógica que ha construido el independentismo, diálogo frente a represión, es imposible colar un elemento de duda, y el gobierno no puede admitir ningún escenario fuera de la ley. Las inercias empujan, la inflamación aumenta.

Y lo que faltaba llego con el encierro de los dirigentes de Òmnium y la Asamblea, ambos en la cárcel. La justicia confirma que es ciega. La jueza Carmen Lamela no tenía por qué considerar más factores que los puramente legales, pero el hecho es que el impacto emocional de su decisión ha añadido carbón a las calderas.

Mañana, día 19, ¿qué va a pasar? Como Puigdemont no va a rectificar, o da un golpe de efecto y convoca elecciones constituyentes o se activará el 155. Y por mucho que el Gobierno intente aplicarlo en su versión más light será un trueno, sobre todo, iniciará un camino que nadie sabe cómo ni cuándo va a acabar ni adónde nos va a conducir. Lo único seguro es que Cataluña se habrá roto, que España se habrá despedido de una importante parte de ella y que se habrá consumado un desastre político histórico.

Pero termino como empecé. ¿Y si la semana que viene tenemos a la vez en Cataluña una comunidad autónoma intervenida y una república independiente proclamada? ¿Imagina qué puede significar eso?

 
 

FUENTE: CADENASER