Nadia Calviño es la gran baza de Pedro Sánchez para conquistar la presidencia del Eurogrupo: “Sería un honor para el Gobierno de España, y para mí como presidente, que Nadia Calviño asumiera la presidencia del Eurogrupo, un órgano clave para la cooperación y reconstrucción de una Europa más fuerte y unida”, resaltó Sánchez hace unos días tras anunciar la candidatura.

El movimiento impulsado desde La Moncloa tiene como objetivo tomar las riendas del organismo para garantizar que no se diluye la ambición del fondo de recuperación europeo, el mismo que algunas cancillerías del norte quieren cercenar.

La posición interesada de España -sería una de las grandes beneficiadas de las ayudas para amortiguar el enorme impacto económico de la pandemia- resta puntos a Calviño, quien ha asegurado que se postula “con la voluntad de seguir trabajando por una zona euro fuerte y próspera en beneficio de todos los ciudadanos europeos”.

Una de las ventajas de los candidatos que optan a presidir el Eurogrupo es que no dejan su cargo como ministros de Economía; al contrario, compatibilizan los puestos y de rebote, eso refuerza su posición interna en su Gobierno.

Desde que se creó la función del presidente del Eurogrupo en 2004 ningún español ha ocupado el cargo, por el que han pasado el luxemburgués Jean-Claude Juncker (2004-2013), el holandés Jeroen Djisselbloem (2013-2015 y 2015-2018) y el portugués Mario Centeno (2018-2020). También optó al puesto Luis de Guindos en el año 2015.

Al confirmarse la salida de Mario Centeno, inmediatamente el nombre de Nadia Calviño se situó como favorito para sustituirle. Y así se la sigue considerando, pero con rivales a tener en cuenta. A favor de Calviño juegan su perfil, más idóneo imposible, en el que se combina una posición fuerte en su gobierno, una trayectoria de ortodoxia con la filosofía económica dominante en la UE y su conocimiento de las instituciones comunitarias por su paso por la Comisión Europea. Además, cuenta con el apoyo alemán, explicitado por Angela Merkel: “Siempre me alegro de que las mujeres ocupen posiciones de liderazgo político”, declaró hace unos días la canciller.

Un fuerte factor de condicionalidad

Pedro Sánchez ha asumido que las ayudas europeas, tanto los créditos como las subvenciones, vendrán con un fuerte factor de condicionalidad. Da por hecho que estarán vinculadas a ciertas reformas que, de paso, no solo ayudarán a los países a recuperarse, sino también a tener economías más resistentes y a estar más protegidos ante eventuales crisis futuras.

A la vista de ese escenario, el equipo de Sánchez ha sido claro con el presidente: “Coge lo de Calviño. Mejor que te imponga los ajustes tu vicepresidenta económica que el ministro de Finanzas alemán”, le han trasladado algunos de sus asesores de máxima confianza, que conocen el funcionamiento de las instituciones europeas.

Obligada a aceptar los recortes de la UE

Pese a ello, el dilema de Sánchez responde a que está convencido de que, si Nadia Calviño preside el Eurogrupo, el Gobierno de España tendrá las manos atadas, y que el margen para desoír algunas de las reformas estructurales que se impongan desde Bruselas será prácticamente nulo. “Será una especie de rescate encubierto”, temen varios ministros del área económica del Gobierno.

En cambio, uno de los aspectos positivos que maneja el presidente es que, si la vicepresidenta económica lidera al resto de ministros de Economía de la zona euro, España tendrá más capacidad para suavizar los ajustes a cambio de las ayudas de la UE, con un control y una vigilancia menos estricta, ejercida por “la mujer de negro Nadia Calviño”.

Se tiene en cuenta sobre todo que el elegido para el cargo será quien fije las condiciones del préstamo europeo a los países para hacer frente a las consecuencias económicas por el Covid-19. España se juega 140.000 millones en ese reparto.

Ha logrado el consenso en España

Hay que destacar también el consenso que la candidatura de Nadia Calviño ha concitado en España, lo que permite concluir que su nombramiento como jefa del Eurogrupo será bueno para el país. No solo cuenta con el apoyo de los socios de Gobierno PSOE y Unidas Podemos -y eso que a Pablo Iglesias le está costando al ser de un perfil mucho más ortodoxo que el suyo como demuestran las broncas que han protagonizado para ampliar o recortar el gasto social-.

También le apoya Ciudadanos… y el PP. Su portavoz en el Senado, Javier Maroto, ha defendido la figura de la vicepresidenta por su capacidad técnica. Hasta Vox, alejado completamente del respaldo al Gobierno en el resto de asuntos, ha celebrado la candidatura de la ministra de Economía.

En los partidos de la oposición reconocen en privado que el nombramiento de Calviño afianzaría la línea moderada del Gobierno en materia económica de cara a los próximos años, cruciales para ganarse la confianza de la UE. El cargo no solo depositaría más poder en manos de la vicepresidenta económica, sino que también le exigiría más responsabilidad a la hora de gestionar las cuentas públicas.

La patronal y sindicatos han dado asimismo su visto bueno a la candidata de Pedro Sánchez para presidir el Eurogrupo. El propio secretario general de UGT, Pepe Álvarez, ha defendido que la vicepresidenta económica conformaría una candidatura “potente”, que beneficiaría a los intereses de España. “Me parece que el que una ministra española tenga esa responsabilidad es muy oportuno y daría oportunidades a nuestro país”, ha destacado en los últimos días.

Hay que recordar que estas candidaturas suelen ir acompañadas de un apoyo entusiasta del país del que sale el aspirante, incluyendo el respaldo unánime del presidente, el vicepresidente y los ministros.

 

 

ECD