Alicia Jiménez va a afrontar su quinto envite electoral con más pena que gloria, el segundo a los mandos de la decadente nave conservadora por seguir ocupando el sillón de Regidora en la «Cueva de las Gangas», y el primero de una exigencia máxima por la negativa situación que el Partido Popular vive en determinados ámbitos, sobresaliendo el local en donde “pintan bastos”, debido entre otras fatídicas consecuencias al peso específico de los rivales en la nueva contienda electoral por las municipales de mayo próximo.

Los aleccionados grupos de la machacada oposición que tendrá Jiménez ante si, son poderosos enemigos políticos a los que ha ninguneado torticera y públicamente toda la legislatura, y se perfilan como huesos duros de roer con el inexcusable fin entre ceja y ceja de apartarla del poder “caiga quien caiga”. A ella y a sus secuaces de gobernanza. A todos ellos les quedó un mal sabor de boca en los pasados comicios, pese a estar a punto de dar otro disgustazo a los populares, a “los Pacos” y a sus adláteres.  A lo que García y Blaya juntos representan y provocan cuando uno de los viejos clanes ostenta el poder, que solo el  corrosivo campanazo de la ruptura y división socialista, articulada desde el «Sanedrín Fáctico» con el imprevisible «Pacto de las Maravillas», salvó in extremis.

 

 

Las ventanas del Antro Institucional han permanecido cerradas a cal y canto cuatro años más, ocultando cualquier atisbo de transparencia y más cosas malas que buenas. Por ejemplo, utilizar retorciendo las normas administrativas y convenidas decisiones bajo mangas al servicio de los lobbys económicos, banderías políticas y cualquier cartel mafioso, en su beneficio y perjudicando a la ciudadanía indefensa. O evitar descubrir a funcionarios de élite locales con la premiada sustitución por foráneos al servicio de los señalados clanes cuando “salta la liebre”, en un pervertido coto corrupto al que en condiciones normales no hubieran tenido acceso. Muy poco activos han estado los ediles populares del “Equipo de Gobierno”, dos de los que tenían que manejar el entramado como Pagán y Hernández, han pasado la legislatura con más pena que gloria. En cambio ha brillado sin excesos el Nobel Sánchez, en una demostración de que el partido giraba a lo que interesaba a la terna dominante.

Han aparecido poco dos veteranos baluartes del “régimen clientelar”, G. Asensio y Mimosín, como si la cosa no fuera con ellos a pesar de ser los más talentudos y avíspados de la corporación. Aunque la política casi siempre injusta, ha premiado esta vez al hombre de la legislatura que ha acabado siendo Domingo Valera, el legendario prototipo popular dos veces arrancado del sillón por los “poderes fácticos” que hoy ensalza, y que ha vuelto a dejar una exhibición política que supera las anteriores perpetuándose como “héroe de leyenda” del  “Antro de las Bicocas” y del Partido Popular, al que parece valer todo por el poder. Tiempo para la historia y dirigentes épicos.

 

 

RUBEN GONZALEZ