Hace un tiempo tuve la oportunidad de charlar con el “jerifalte jefe” de uno de los “lobbys fácticos“ que rigen los destinos de Mazarrón, en su despacho, y más allá del interés que toda la conversación tuvo por sí misma, uno de sus soberbios argumentos quedó retumbando en mi cabeza, y aún lo hace hoy, fue repetitivo en el tema de sus subordinados, obreros o benefactores públicos, en lo relativo al concepto de “Obediencia debida”, según el cual, una práctica injusta cometida por alguna de esas personas bajo su influjo protector, aún  superando determinados límites: morales, éticos, e incluso en generación de dolor, o daño, en cualquiera de sus afecciones (físico, moral, económico, etc…), pudiera ser atenuada por haberse practicado bajo el cumplimiento de una orden dada, descargando de responsabilidad al actor directo de esta, y por si no me había quedado clara la idea, mi interlocutor me puso el ejemplo de mi andadura militar y los oficiales del ejército, e incluso las fuerzas del orden público en su complicado proceder, no asignándoles responsabilidad, en cuanto a que cumplen órdenes …¡escalofriante!

¿Será la obediencia el rasgo fundamental sobre el que se selecciona al personal en el mundo de la empresa, pública o privada, incluso en política, más allá de la meritocracia real sobre la verdadera capacidad de cada persona?. “Dioses de barro” que hacen gestión humana, muñidores de apostasía fácil y cómicos desnudos de cuerpo y alma, adoctrinados al servicio de este u otro latifundista a los que resulta sencillo e interesante enfrentar la dualidad “Responsabilidad Vs. Obediencia debida”, y los límites que éste último concepto pudieran poner a la propia responsabilidad.

En el juicio a Adolf Eichman, teniente coronel de las SS nazis, y responsable directo de la llamada “solución final”, que incluía el transporte de deportados a los campos de concentración, quien durante el desarrollo de la causa utilizó el argumento de que él solo cumplía órdenes de la manera más eficaz posible, presentándose así mismo como un funcionario que solo quería ascender, y promocionarse, en su carrera militar…¡simplemente aterrador! se efectuó una acertada pregunta: “¿la obediencia que se rinde al superior jerárquico, es La obediencia debida -circunstancia eximente de responsabilidad en los delitos?”. Intenté hacérselo entender sin mucho éxito  al dueño de aquella empresa que me recibió en su despacho,  tras defender, ante mí, el concepto de obediencia debida, como mitigante de la responsabilidad, por ejemplo de un ejecutivo que vende determinado producto aún a sabiendas de ocultar alguna información de relevancia, o el funcionario público de una institución que emite un informe a medida convenido con el político de turno a sabiendas de los perjuicios que crea, o incluso el “columnista mercenario de un medio de comunicación que contamina la realidad con un fin predeterminado”.

¿Hasta dónde llega la obediencia a la autoridad, cuando uno se enfrenta a la conciencia personal ?

La respuesta del empresario fue tan decepcionante como su afirmación de que cualquier ciudadano medio con una opinión crítica sobre el horror del nazismo, caso de haber formado parte de las filas nazis en plena segunda guerra mundial, hubiera actuado de acuerdo a la obediencia debida, cumpliendo cada una de las tareas que les hubieran mandado.

Quizás la dicotomía entre “Obediencia debida Vs Responsabilidad” se reduzca a lo que expresó el escritor uruguayo, Eduardo Galeano : “El torturador es un funcionario. El dictador es un funcionario. Burócratas armados que pierden su empleo si no cumplen con eficacia su tarea. Eso y nada más que eso. No son monstruos extraordinarios. No vamos a regalarles esa grandeza (DÍAS Y NOCHES DE AMOR Y GUERRA). La pregunta es: ¿seremos capaces, cada uno de nosotros, antes de cometer determinados actos, actuar en base a nuestra propia responsabilidad, sin cubrirnos bajo el argumento de la obediencia debida , u otros tan de moda como… ¿¡LO IGNORABA O NO ME ENTERABA!?             

 

 

 

RUBÉN GONZÁLEZ