En torno al PSOE se acuñan marcas que suenan a nombres imposibles de bandas de rock. «Los barones» o «Comité Federal» son sólo dos de ellos. Pero ni las voces de «los barones» del PSOE suenan afinadas como antes ni el Comité Federal sirve, desde hace tiempo, como caja de resonancia de lo que piensa el partido.

Los dirigentes territoriales consultados por este periódico, entre ellos varios presidentes autonómicos, coinciden en afirmar que en el PSOE hay fuertes resistencias a un pacto con ERC. Se digieren o bien con resignación o bien con frustración, pero no van a llevar a rebelión alguna contra Pedro Sánchez, el secretario general y presidente del Gobierno.

«El partido está esclerotizado, totalmente desarticulado y los Comités Federales o no se reúnen o son para aclamar a Pedro», explica un presidente autonómico, que sitúa el inicio de esa etapa de menor debate interno en el 39 congreso, tras las primarias por el liderazgo en las que Sánchez barrió a Susana Díaz. El líder socialista maneja los resortes del partido desde esa cita, en el verano de 2017, en la que copó la dirección del partido y sus principales órganos de una aplastante mayoría de fieles. Ante su arrolladora victoria, los críticos en algunos casos no pudieron y en otros no quisieron organizarse para conservar un cierto umbral de poder. «No habrá ninguna rebelión por más que esto sea un desastre y no nos guste ERC», explica la misma fuente. «No hay masa crítica ni disposición», lamenta.

Podría parecer lo contrario. En los últimos días, dos presidentes autonómicos, Emiliano García-Page (Castilla-La Mancha) y Javier Lambán (Aragón), han advertido de los peligros de un pacto con ERC. «Yo para Reyes lo que no quiero, como no creo que quiera ningún español y española es vaselina. Queremos tener unos buenos Reyes, un buen 2020 y tener la conciencia tranquila», dijo el primero. ERC es «un partido indeseable para mí de cara a la gobernabilidad de España», según Lambán, consciente de que es precisamente Oriol Junqueras, el presidente de la formación independentista, en prisión por sedición y malversación, quien tiene la llave del Gobierno de España.

El presidente del PP, Pablo Casado, y numerosos dirigentes populares y algunos de Ciudadanos apelaron a ese PSOE más incómodo con los independentistas y contrario a Sánchez para buscarle un problema desde dentro. En vano.

«Ni nos llama ni nos consulta»

«Ni nos llama ni nos consulta», explica otro barón, «por lo que yo me quedo con el argumentario de antes de las elecciones, cuando no se podía ir ni a la vuelta de la esquina con los independentistas», ironiza.

El pesimismo de los dirigentes territoriales del PSOE se basa en el «callejón sin salida» que advierte otro de ellos: «con ERC, bien no irá. Pero sin ERC tampoco hay alternativa. PP y Ciudadanos nos echan en sus brazos. No quieren pactar, por mucho que diga Ciudadanos. Nunca han querido y están deseando que la investidura salga sin ellos«, explica un presidente autonómico. Ni el PP está dispuesto a abstenerse ni Ciudadanos a votar que sí, aunque cualquiera de las dos fórmulas evitaría a Sánchez depender de independentistas.

Ninguna de las fuentes consultadas considera probable que Sánchez llegue a un pacto con ERC que suponga cuestionar la soberanía nacional o abra la vía para un futuro referéndum de autodeterminación en Cataluña, por más que sea el objetivo final del partido de Junqueras. «Pedro ha sido muy claro en que el acuerdo cabrá en la Constitución y yo me lo creo«, en palabras de uno de los dirigentes. Otra cosa es que la estética de los tratos con ERC deje mucho que desear.

En estos momentos, los dirigentes territoriales del PSOE piensan en sus baroníos. Page y Guillermo Fernández Vara gobiernan con mayoría absoluta y tanto ellos como Javier Lambán (Aragón), otro de los más críticos, o Ximo Puig (Comunitat Valenciana) comparten con los más afines a Sánchez (los presidentes de Asturias, Illes Balears, La Rioja, Navarra y Canarias) su máxima prioridad: gobernar en sus comunidades autónomas. Y, para ello, esperan la pronta conformación de un Gobierno.

«No hay alternativa»

Los supuestamente más críticos, incluidos otros dirigentes territoriales que no son presidentes, coinciden en que «no hay alternativa» a Sánchez y, en ese sentido, echan mucho de menos junto a sus compañeros más cercanos a Sánchez la presión que en 2016 sectores económicos y mediáticos ejercieron sobre el PSOE para que se abstuviera frente a Mariano Rajoy, entonces presidente aparentemente sin alternativa. «Aquí no se mueve nada. Y eso que sabemos que no hay otra candidatura posible. ¿Por qué no explica el PP si quiere terceras elecciones?», se pregunta uno de ellos.

En cualquier caso, los barones más críticos se preparan ya para una «legislatura de la tortura», porque creen que tener a Pablo Iglesias hace imposible acuerdos importantes con el PP y contar con ERC para la investidura y los primeros Presupuestos no impedirá que el partido de Junqueras se distancie después para no perder cuota entre los sectores independentistas en Cataluña.

 
 

FUENTE: ELESPAÑOL