El escritor Javier Marías le ha dado un repasito a todos aquellos líderes que ahora abominan y torpedean a la Unión Europea.

El columnista de El País Semanal ha tejido una apasionada defensa del proyecto común europeo por seguir siendo el «baluarte de las libertades a este lado del Atlántico» este domingo 7 de enero de 2017.

Entre los enemigos de la UE cita a los que más o menos ya sabíamos, Donald Trump, que «la detesta y la boicotea», Putin, que «procura disgregala y romperla» y los grupos terroristas que pretenden «destruirla».

A «la Venezuela de Maduro, que abomina de ella» se han sumado desde nuestro propio seno «los xenófobos británicos y la racista Le Pen», así como las extremas derechas de Holanda, Escandinavia, Alemania, Austria y flamenca.

Pero Marías también señala a otros muchos, entre ellos:

También los grupos de la falsa y reaccionaria extrema izquierda la odian y desearían que desapareciera, y a toda esta gente se le han unido ahora los independentistas catalanes.  

Precisamente sobre estos últimos fija su atención el escritor en su texto, llamando «comisario político» al diputado independentista Lluís Llach–Carlos Herrera le mete un estacazo a Lluís Llach: «Este fascistoide ha superado al imbécil de Santiago Vidal»–:

Para uno de los más conspicuos, el comisario político Llach, los europeos son «cerdos», y para Puigdemont «una vergüenza». 

A todos ellos, Marías les recuerda una cosa:

En la Unión Europea no hay pena de muerte, hay elecciones democráticas y libertad de expresión y de prensa, y asistencia sanitaria aceptable; los diferentes países no pueden hacer cuanto se les antoje sin ser amonestados (por mucho que los «pueblos» aprobaran referéndums para reestablecer la esclavitud, por ejemplo, eso no se consentiría).

Con los Estados Unidos y Rusia convertidos en naciones autoritarias, por no hablar de la China, Turquía, las Filipinas, Egipto, Myanmar, Venezuela, Arabia Saudí y otros países musulmanes, y por supuesto Cuba, díganme si queda algún otro baluarte de las libertades a este lado del Atlántico.

Cierto que no hay una figura con el carisma y la retórica de Churchill. Pero tanto da: para quienes anhelan su épica, aquí la tienen: la defensa de un puñado de democracias cabales contra el resto del globo, o casi.
 

 

FUENTE: PERIODISTADIGITAL