Nuestra Autonomía cumple hoy 36 años. Ya ha transcurrido un período histórico lo suficientemente amplio que nos permite analizar y hacer balance de cuanto ha sucedido; en qué hemos avanzado o retrocedido; prosperado o empeorado; cuáles han sido los frutos específicos y tangibles o los fracasos infligidos. Todos los años, llegado este día, me planteo las mismas dudas y principios a la hora de escribir este artículo de aniversario y parece que sigo siendo la rara voz que clama en el desierto.

Alguien debiera analizar y hacer un balance serio, objetivo e independiente de lo que reiteradamente vengo sugiriendo. Universidad de Murcia, organizaciones empresariales y sindicales, Consejo Económico y Social, y otras instituciones a las que parece que el asunto no es de su incumbencia ni se plantean afrontar ese laborioso análisis, salvo la contemplación del castillo de fuegos artificiales. Como ven, descarto a la Asamblea Regional. Ese es otro lujo de apariencias, solo destinado a la subsistencia de intereses grupales. Puro entretenimiento.

Hoy vuelvo a preguntarme: ¿Cuál es el balance real de la utilidad de nuestra Autonomía? ¿Ha merecido la pena, o es una gran frustración colectiva? ¿Para qué sirve esta mastodóntica administración que hemos creado? ¿Hemos hecho algo serio y profundo para transformar nuestra región? ¿La Autonomía ha mejorado la riqueza de la antigua provincia de Murcia que le precedió? ¿Dónde están sus proyectos y programas? ¿Dónde aquella identidad vitalista murciana que nos distinguía antes de todo esto?

La Región de Murcia está sumida en un profundo estado vegetativo de apariencia y subsistencia. No nos engañemos. Ese es el objetivo. La Región de Murcia es una Autonomía marginal e irrelevante dentro del contexto español. Todas las energías reivindicativas se consumen aquí, en la corrala, con muchas declaraciones locales, lloriqueos o voces airadas, pero nunca en el lugar donde se debiera. La Región de Murcia necesita menos intereses partidistas, ideologías sectarias, o palabrería populista, y más propuestas y acuerdos concretos encaminados a servir el verdadero interés regional.

Estamos muy lejos de superar los acrisolados logros históricos de antes cuando éramos considerados como una potencia exportadora conservera y líderes internacionales en el ámbito agrario, llegando a languidecer, hasta ocupar actualmente los últimos puestos entre las regiones más pobres y desfavorecidas de Europa. En mis años jóvenes, desde Murcia, no solo exportábamos las mejores conservas vegetales y los más diversos productos hortofrutícolas, porque también éramos los reyes del mambo en otras muchas actividades. Exportábamos periodistas como Jaime Campmany, Salvador Jiménez o Joaquín Soler Serrano; escritores como Miguel Espinosa o Paco Alemán; pintores como Flores, Vivancos, Gaya o Gómez Cano…

Al escribir ahora todo esto, créanme, no estoy navegando entre el lamento de la pena o la melancolía, sino que estoy desvelando la certeza de que aquí se vivía en el paraíso terrenal, y aquel oasis que Murcia fue, ya no lo es. La huerta de Murcia existió realmente. Esta tierra fue una explosión vegetal, y más que una plenitud de la naturaleza, fue un idílico lugar de paisajes inacabables con abundancia de árboles frutales y minúsculos huertos familiares cultivados primorosamente, con agua que corría por doquier al discurrir por acequias y brazales; y los que teníamos muy poco, siempre teníamos algo.

Con la llegada del Estado de las Autonomías y el autogobierno de las regiones, muchos españoles como yo, dedicamos nuestros mejores años a su puesta en marcha y consolidación. Allí quedaron fosilizados nuestro tiempo y nuestros sueños, y aquella realidad histórica se transformó pronto en un efímero declive, convirtiendo después a España también en esta grotesca caricatura de sueños rotos en que nos ha sumido este caos actual de desconexión territorial e insolidaridad.

Cada región española lleva su cruz. Euskadi y Cataluña, la del independentismo. Murcia, la de la corrupción y dilapidación del dinero público. Gobernantes irresponsables nos han endeudado hasta los ojos con inventos faraónicos, hasta llegar a los 9.000 millones de euros de hoy. Para entendernos. Esa cifra es igual al doble del presupuesto anual. Si la pagáramos, estaríamos dos años sin sanidad, educación, universidades, servicios sociales, etc. Volver al esplendor y riqueza de la Murcia que fue, libres de deudas, con estos mimbres políticos, es misión imposible, una quimera. De este endeudamiento no saldremos jamás.

También sería una quimera la ejecución de un plan regional elaborado con objetivos precisos y evaluables por un equipo de profesionales y organizaciones relacionadas con la avanzada tecnología de cultivos, producción y comercialización, devolviéndonos nuestra histórica supremacía agroalimentaria, asegurándonos la economía del agua disponible. Algo así como una hoja de ruta, un plan de relanzamiento regional a medio y largo plazo, un modelo productivo elaborado sin demagogias, evaluable y sin partidismos.

Porque si la política sirve para transformar la realidad, ¿dónde están esos programas y proyectos, y qué organizaciones y personas los están ejecutando? No se esfuercen en buscarlos. No se está haciendo nada planificado. No existen. Tampoco existe un plan concreto de amortización de la deuda gigantesca. Nada de nada. Solo política de apariencia y subsistencia, como las celebraciones de hoy, Día de la Región. Nuestra autonomía sólo está basada en la verborrea y dilapidación del dinero público. La dirigen los militantes y personas afines al grupo que tiene más cromos, y los mediocres están colocados ahí sin anteponer calificación específica alguna, no los talentos de tanta gente brillante como hay en esta tierra.

Así hemos alcanzado el mayor fracaso. El de no haber aprovechado las ventajas que comporta la gestión de recursos propios. En eso consistía el Estado de las Autonomías, no en la permanente extorsión independentista de Euskadi y Cataluña. El año que viene volveremos a hablar de lo mismo. Bueno, no. Nuestro joven presidente ya nos ha anunciado que tendremos un Corvera-Manchester United en enero del próximo año.

 

ADOLFO FERNÁNDEZ AGUILAR 951